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La presidenta del rellano.

(1)intelligentsia o, en caracteres castellanos, inteliguentsia (del Latín intelligentia) es una clase social compuesta por personas involucradas en complejas actividades mentales y creativas orientadas al desarrollo y la diseminación de la cultura, incluyendo intelectuales y grupos sociales cercanos a ellos. El término ha sido tomado del ruso интеллигенция (transliterado como intellig(u)éntsiya), o bien del polaco. Los dos, a su vez, derivaron de la palabra francesa intelligence. Al comienzo, el término se aplicó en el contexto de Polonia, Rusia y más tarde, la Unión Soviética, y tuvo un significado más estrecho basado en la autodefinición de una cierta categoría de intelectuales.

jueves, 14 de enero de 2010

EL RESIDENTE

Capítulo I


25 de Abril de 1997

Al señor Rhys lo dejaron un 21 de Diciembre justo al lado de la puerta de la entrada de la residencia. Llevaba unos zapatos negros , que no limpiaba desde hacía ya mucho tiempo. Traje negro, camisa blanca y una corbata maltrecha y mal anudada. Sus cabellos grises, rizados y largos estaban medio atados con una goma en la parte baja de su nuca. Tenía una poblada barba larga, nariz prominente y gruesas gafas que escondían unos pequeños ojos tristes de color gris…totalmente vacios de alegría. Al sembrar una indiferencia indescriptible hacia la ternura y el amor que tantas veces habían intentado darle, solamente había recogido soledad, y su vida no había sido sencilla de ninguna de las maneras.
Cogió la chaqueta del asiento de atrás y también su ordenador. Se apeó del coche y abrió el maletero para sacar todas sus pertenencias…una maleta y un par de cajas que depositó en el suelo húmedo… eso era todo. T oda una vida metida en dos minúsculas cajas y una maleta rota. En pocos segundos el conductor del vehículo, sin mediar palabra y mirándolo solamente de reojo, arrancó el coche y desapareció calle abajo.
Gareth Rhys se quedó quieto unos instantes, mirando a su alrededor. Entonces encendió un cigarrillo y se lo llevó a la boca. A la tercera calada lo tiró en un rincón , aún encendido. Cogió sus cosas y se dispuso a llamar a la puerta del que sería a partir de entonces su nuevo hogar.

Capítulo II

“ No me gusta nada esta habitación, ni la señorita tiquismiquis que me ha acompañado hasta ella. Tiene demasiada luz, bajaré un poco la persiana.
Hay una cama individual en el fondo, al lado de la ventana. La colcha es marrón oscuro, al menos esto si me gusta. La mesita de noche es demasiado grande. No necesito tanto espacio. Y el armario empotrado. Con lo poco que me gustan a mí los armarios empotrados. Y menos los que tienen tres puertas… Odio los números impares. Las cortinas verdes. A quien se le ocurre poner cortinas verdes en una habitación, vaya mal gusto. Pfffff, y la alfombra... Nunca había visto una alfombra tan fea en mi vida.
Ahora mismo quitaré este cuadro de la pared. Un cuadro con árboles y un río de un tal Ódena. Le diré a la tiquismiquis que se lo lleve. Me gustan las paredes vacías.
No, si ya te digo yo que en que antro me he metido. Las paredes son tan finas que oigo la tele y la voz de una mujer en la habitación de al lado. Seguro que es una vieja cotorra y chafardera donde las haya. Vaya mierda de sitio, con el dinero que me va a costar cada mes. He tenido que vender mi casa para poder venir aquí, y ya me arrepiento. Si mi hijo no me hubiera obligado a coger la incapacidad y hubiera dicho que no puedo estar solo ,aún podría estar viviendo en mi casa, a mi manera, a mis anchas…pero esta mierda de enfermedad cada día me cabrea más. Se me agarrotan las manos y el temblor solo se me pasa un poco a la media hora de tomarme la pastilla. Al rato vuelven los temblores y me quedo tan agarrotado que hay días que no puedo ni coger el vaso y llevármelo a la boca. Puta enfermedad de los cojones.
Voy a ver que tal es el lavabo, aunque estoy seguro que tampoco me va a gustar. Mierda de sitio, mierda de vida.

Capítulo III


El tap-tap-tap de una máquina de escribir había despertado temprano a Gareth Rhys, que a las ocho ya se encontraba en el comedor de la residencia delante de un plato de tostadas con mermelada y un café con leche que le había traído una de las trabajadoras de día.
Interrumpió sus pensamientos el rítmico cloc-cloc de unos zapatos de tacón que se acercaban por su espalda. Buscó en el interior de su americana y sacó la pitillera y extrajo un cigarrillo. El áspero aroma llenó el comedor y se dispersó por el efecto de un ventilador que había en el techo. Se fumó el cigarrillo entero aunque fue avisado que no se permitía fumar. Una vez reducido a una hebra lo apagó con el dedo previamente humedecido con saliva.

_ Usted debe ser el señor Rhys – alguien dijo desde su espalda- ¿puedo sentarme con usted?

Miró a la sonriente anciana que estaba con una plata con su desayuno entre las manos.

_ Haga usted lo que le dé la gana señora- dijo él sin tan siquiera mirarla, pensando que esta respuesta la ahuyentaría.

La señora Briggs, que así se llamaba, se sentó en la misma mesa, delante de él sin perder la sonrisa. Durante un momento el señor Rhys estuvo demasiado aturdido para imperar sobre su cuerpo que retrocedió con la silla ante lo que en el primer momento le pareció un espantapájaros animado. Bien vestida sí, pero parecía como si se hubiera echado la pintura en la cara con una brocha .

_ Señor Rhys, me llamo Laura Briggs, y soy la vecina que da pared con pared a su habitación. Solamente quería presentarme y preguntarle si le he despertado o molestado esta mañana con la máquina de escribir. Verá, es que soy escritora y estoy a punto de publicar mi cuarto libro. No me gusta usar ordenadores, soy una negada para ello, por lo que sigo usando mi antigua máquina.

Garteh Rhys respiró hondo, e intentando ser cortés le respondió:

_ Si señora, me ha despertado el estruendo de su maquinita. Espero que mañana empiece usted a trabajar más tarde. Perdone pero ya he acabado mi desayuno. Le invito a que siga en esta mesa todo el tiempo que le haga falta. Voy a pasear por el jardín un rato y le agradecería que no me siguiera. Quiero estar solo.

Laura se quedó con la boca abierta, no medió palabra y siguió comiendo su desayuno, esta vez sin sonreír.

Capítulo IV


El sol había perdido su influencia sobre el aire aquella mañana del 10 de Enero de 1998, y hacía mucho frío. En los árboles que se veían a través de la ventana no había hojas .Al horizonte había un pequeño resplandor variopinto que imponía una alternancia de rojo y púrpura en las nubes que posiblemente traerían nieve a lo largo del día.
Gareth Rhys bajó temprano al comedor como de costumbre. Cada mañana Laura se sentaba en la mesa con él, después de dar paso a un “buenos días señor Rhys” que nunca recibía respuesta alguna. Pero ella insistía cada día con su sonrisa incansable.
Aquel día Laura no se había presentado al desayuno, cosa que , aunque a él mismo le pareció extraño, inquietó al señor Rhys.
Después del desayuno subió las escaleras poco a poco, ya que aquel día tenía las piernas muy agarrotadas debido a la enfermedad de Parkinson que cada vez se lo ponía todo más difícil. Avanzó por el pasillo parando de vez en cuando a descansar y se detuvo delante de la puerta de Laura. Le entró una sensación desagradable cuando vio que la puerta estaba abierta .
Laura estaba tumbada en el suelo boca arriba y seguía envuelta en su camisón y su bata. Respiraba con la boca entreabierta y con dificultad. La depositó en el sofá, con la espalda recostada contra el apoyabrazos. Pareció que Laura respiraba con más facilidad aunque aun estaba inconsciente, y salió de nuevo al pasillo para pedir ayuda. Los dos médicos de la residencia no tardaron en llegar y le pidieron al señor Rhys que por favor esperara fuera.
Bajó las escaleras después de recoger una pequeña caja de su habitación. Con el corazón encogido se dirigió a la sala de estar y escogió el sofá del rincón para estar solo. Abrió la caja y empezó a contemplar una fotografía tomada en los años cincuenta. Había en la foto dos personas jóvenes mirándose enamorados, abrazados, con un fondo maravilloso en blanco y negro. Giró la fotografía para ver una nota escrita por él mismo en tinta negra :

“ María, la tristeza de tu muerte me ha hundido por completo. Te quiero. Gareth”

Siguió sentado en el sofá durante dos horas, con los ojos cerrados y la fotografía en la mano.
A las dos de la tarde el señor Rhys fue llamado para ir a comer. Guardó la caja en la habitación y pasando por delante de la puerta sintió un nudo en la garganta .Se dirigió al comedor y se sentó en la misma mesa de siempre.
Por detrás oyó el cloc-cloc de unos talones y se levantó con súbita rapidez. Ahí estaba Laura, recuperada de lo que había sido un desmayo debido a sus problemas respiratorios. Le cogió aquellas suaves manos aterciopeladas y durante unos instantes cerró los ojos .Sintió deseos de besarla. Los dos se miraron durante un momento no muy largo mientras al señor Rhys le invadía una sensación de extraña irrealidad. La sonrisa de Laura invadió el comedor y se fundieron en un gran abrazo seguido de un beso. Gareth Rhys sonrió por primera vez desde hacía veinte años.



viernes, 8 de enero de 2010

He matado a quince


Esta mañana he matado a quince.Me he levantado con la vena asesina y no he podido controlarme.He salido a la calle y he empezado a matar a todas las que se aproximaban a menos de un metro.No soporto que se me acerquen.No soporto que me miren y que me observen.No soporto sentirlas cerca.Ayer maté solamente a dos y las dejé tiradas en el suelo, a merced de quien quisiera recogerlas.Golpeé a varias dejándolas medio muertas en las aceras, en medio de la calle,en las cunetas.Las pegué sin piedad, sin ni siquiera mirar si eran jóvenes o viejas.Sin pensar que aun tenían una vida por delante.Y la verdad es que me siento orgulloso de lo que he hecho.Me siento aliviado y me entran ganas de seguir mañana.Mañana mataré a más, a todas las que pueda.Estas malditas moscas me tienen harto.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

¿TE CONOZCO? 3ª Parte

PORÉL


Sentado en el sillón, con aquella apariencia triste parecía que los años hubieran pasado más rápido, estaba más viejo. La penumbra de la habitación acentuaba sus marcadas arrugas sobre un rostro cada día más gris.

Estaba tan preocupado. Su compañero, su amigo, su hermano había contraído una grave enfermedad y él sentía que moría por dentro al no poder hacer nada para ayudarlo. Cuando pensaba que aquel hombre dejaría a sus cuatro hijos y a su recién nacida nieta con el dolor de no poder disfrutar cada momento junto a él, se le partía el alma.
Donjuan miró a su amante, tan joven y bonita. Con tanta vida por delante. Se preguntaba por qué decidió, una mujer como ella, estar con él. Se planteó pedirle algo que sabía que no le iba a gustar, pero era por su amigo y por él haría cualquier cosa.

-Marta. ¿Tú marido sigue trabajando en la Clínica?- Marta lo miró sorprendida. Hacía meses que había acabado su relación y jamás había hablado sobre este tema con su actual pareja. -Marta, ¿Crees que tu ex podría hacer algo para ayudarme?




Teoría de los cinco grados de separación. ¿Recuerdas?

To be continued.

martes, 22 de diciembre de 2009

Y llegó el día

Llegó el día de la intriga y de la salud en España: ¡la lotería de Navidad!

Y para colmo de males, este año es el que más lotería llevo y no me va a tocar ni la pedrea. ¡Ains! Si ya lo decía mi abuela: jugar por necesidad, perder por obligación.

Llevo toda la mañana escuchando el sorteo por la radio y oyendo cómo van saliendo unos premios tras otros y ninguno de ellos está entre los que llevo. Con lo bien que me vendría el dinerillo para amueblar el piso.

Creo haber llegado a la conclusión de que, todos los que jugamos, somos masoquistas. Bueno, excepto a aquellos a los que les toca. Esos son los que hacen que te hagan preguntarte: ¿y por qué a mí no?.

En fin, otro año más en que decimos que al menos tenemos salud (aunque después de lo que he pasado este año no sé yo hasta qué punto) y en que nuestros sueños de "tapar agujeros" se vienen abajo. Veremos el próximo año si podemos ser los que nos llevemos aunque sea un pellizquito.

P.D. Mientras escribía ha salido el gordo y NADA DE NADA. Bueno, al menos en un décimo que jugaba a medias con mi madre tengo la terminación.

martes, 15 de diciembre de 2009

Estoy cansado de escribir

He buscado motivos falsos para olvidarte,

para odiarte, para distanciarme y liberarme de ti.

Pero en todo este tiempo no lo he conseguido,

es más, he visto que no se hacerlo,

ya que aún me estremezco en mi interior

al recordar tu voz,

y tiemblo como las hojas en otoño

de emoción al recordarte.

Ahora se que no puedo, que me es imposible olvidarte

y menos odiarte y liberarme de ti.

Se que andaré infeliz por mo tenerte,

pero nadie me quitará mi felicidad por amarte.

Si, es contradictorio, infeliz y feliz,

pero no soy perfecto,

se de mis defectos y pocas virtudes.

Pero lo que si se,

es que soy feliz por amarte,

aún no teniéndote.

Pero estoy cansado de escribir,

aun feliz con tu recuerdo no puedo seguir,

se me acaban las palabras,

las energías y esperanzas,

se me evaporan como el agua de los charcos,

de una tormenta de verano.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Et recordo


Em perdo en la magnitud de les paraules

presentint la immensitat del seu dolor.


A cada estrella del cel hi veig una llàgrima seva

i amb el seu blau mirar em fa saber que té por.



Ell sabia que viuria per sempre en els cors que avui estan tristos i buits del seu somriure.Sabia que viuria en les ànimes dels qui l´estimem,que estan plenes d´un maravellós record surgit durant l´eternitat de les nits més misterioses.

Nosaltres sabem que encara el sentim riure i brillar quan mirem el cel ple d´estrelles que dancen i s´encenen com el foc.Sabem que sentim la seva presència i la seva escalfor.Fins i tot notem que ens acaricia amb aquelles mans que donaven un amor inigualable,unes mans que s´agitaven suaument com el blat en la frescor d´un vent suau.Aquells cabells rossos i llargs com un fil d´or...Aquells ulls, tan tendres i plens d´amor i valentia, blaus com el cel i brillants com la lluna que queda reflectida en l´aigua salada d´un mar tranquil.

Aquella cara...tan tendre, tan pura, tan formosa...igualable només a la més bonica de les flors.Aquella veu...música melodiosa i celestial que sorgia d´aquells llavis perfilats.


Sabem que el seu amor,el més màgic de tots els sentiments, ens acarona dolçament a totes hores...com el vent que bufa un camp sembrat de belles flors i bells records.

Com l´onada que es gronxa en un llit de mar en plàcid repòs durant la màgia de l´eternitat...

Com l´ocell que canta i desperta la vida d´un dels somnis més bells que la foscor ha deixat...

Com petites gotes de pluja al caure tendrament sobre el brot de la més jove flor de neu...

Com només ell sabia fer...esperit de lluitador enamorat dels seus amors.


martes, 8 de diciembre de 2009

Un martes cualquiera


UN MARTES CUALQUIERA

Era martes y estaba contento. La reunión se había aplazado y por primera vez en meses, podía regresar a su casa mucho más temprano de lo normal.
Hacía poco que compartía su vida con Clara y deseaba estar con ella. Desde su vuelta del viaje de bodas, sus vidas privadas habían sido invadidas por el exceso de trabajo y ahora era una oportunidad espléndida para satisfacer sus necesidades sexuales y recuperar el tiempo perdido.

Llegó a su hogar con una única obsesión y sin reparar en el silencio sepulcral que reinaba dentro de la casa. Decididamente abrió la puerta de la habitación conyugal y sus ojos se postraron en el desnudo cuerpo de su joven esposa que yacía sudoroso en la cama. A pesar de que era ya tarde para seguir durmiendo, pensó que hacía calor y soportar el verano en la cama resultaba mucho más cómodo que hacerlo con las tareas domésticas. No había nada malo en ello, puesto que el orden y la limpieza eran obvios y por lo tanto era inexistente cualquier motivo de reproche.

Clara parecía profundamente dormida y la visión de su bien contorneada anatomía no hizo más que aumentar sus libidinosos deseos. Sin mediar palabra, se agachó excitado situándotese frente al húmedo sexo de su radiante esposa y empezó a deleitarse con el sabor de su clítoris para pasar después su lengua por los contornos de los labios inferiores y descendiendo despacio hasta introducirse en su vagina. En aquel mismo instante y a pesar de no extrañarse del excesivo flujo vaginal que invadía su boca, pudo oír perfectamente la risa apagada provinente del armario y aquel sabor tan diferente del que estaba acostumbrado.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Por si acaso.

Matarlo fue fácil, con una puñalada trapera, por detrás, con un cuchillo de cocina con una hoja de cuarenta centímetros le atravesé el cuello, ni le dolió. No soy un sádico, tampoco era cuestión de encarnizarse. El problema vino después ¿qué hacía con el cuerpo?.

Tenía pensado en enterrarlo en el jardín de su casa, pero me daba pereza abrir un hoyo…en fin, que empecé a pensar que podía hacer, mientras me miraba al colega, esparramado por el suelo mientras la sangre aún le salía por los dos orificios del cuello.

Me fijé que aún daba muestras de vida, me miraba, su cuerpo hacía pequeñas convulsiones. Total, cogí una silla vieja que tenia y le di de golpes en la cabeza hasta que se quedo quieto y cerró los ojos. Que tampoco era cuestión de que me amargase la existencia y me entrase un sentimiento de culpabilidad con su mirada.

Mientras pensaba en que podía hacer con él, me hice un café y mientras me lo tomaba miraba por las ventanas de su pequeña casa, sucia, dejada, llena de pelos de perros. Los perros. Ya tenía la solución.

Cogí como pude el cuerpo y lo arrastré hacia la cocina. Le extendí los brazos y las piernas. Busqué entre sus utensilios de cocina y encontré una pequeña hacha de estas de cocina para descuartizar pollos. Sin duda aquello iría como anillo al dedo.

Esperé unas horas a que acabase de desangrar y que se enfriara el cuerpo, no quería quedar lleno de salpicaduras de sangre.

Aproveche ese rato para limpiar toda la sangre que estaba encharcada por todo el pequeño salón. Aproveché para echar al fuego los trozos de silla esparcidos por la sala.

Cuando acabé de limpiarlo todo, me hice otro café, me fumé un cigarrito y me puse manos a la obra.

De la cocina cogí bolsas de basura para ir poniendo los trozos descuartizados en su interior y a la que tuve tres bolsas allí abiertas, empecé la tarea más difícil.

Empecé con los pies, que los corté a la altura del tobillo y los partí por la mitad, después las piernas, de las cuales hacía trozos no muy grandes, eso si, la rodilla fue un trabajo arduo, en el que tuve que usar un cuchillo jamonero ya que los tendones me costaban mucho cortarlos a hachazos. Todo eso lo puse en una de las bolsas.

Después empecé con las manos, los brazos, la cabeza, la cual tuve que hacer varios trozos. Allí la cosa se complico con la sesera, toda esparcida por el suelo, ¡que asco!.

Puse la cabeza y los brazos en otra bolsa y seguí.

Con el resto del cuerpo hice trozos desiguales pero no muy grandes y los puse todos en otra bolsa.

Cuando lo tuve todo cortadito, puse agua en una olla grande que tenía y cuando empezó a hervir, fui poniendo trozos de su cuerpo y arroz, para hervirlo todo junto. Barrí el suelo de restos de carne, piel y cerebro y lo añadí a la olla.

La primera olla se la dí directamente a los perros que tenía encerrados en un cercado en la parte posterior de su casa. Tenía al menos doce perros de diferentes razas y variedades.

Desde luego que los pobres animales tenían hambre, en poco más de quince minutos se lo habían comido todo, hasta los huesos se comieron.

En total tuve que hacer seis hervidas más, las cuales tuve que guardar tres para el día siguiente ya que los perros se habían hastiado de tanto comer arroz con amo.

Hacían un partido del Barça-Madrid por la tele, no me lo quería perder, por lo que me preparé algo de cena, comí, bebí un par de cervecitas y cuando acabó el partido me acosté, al día siguiente aún tenía trabajo que hacer. Dormí feliz, con el trabajo echo y con el resultado del partido, 2 a 6 a favor del Futbol Club Barcelona. Me levanté temprano y me puse manos a la obra.

Les dí de comer otra vez a los perros, pero esta vez no comieron tanto. Pensé que sacarlos de la jaula para que corrieran por el trozo sería una buena manera de hacerles entrar el hambre.

Después de toda la mañana corriendo por allí les volví a poner otra hervida, ya solo me quedaba una.

Pero de comer poco, estaban hartos de tanto arroz con amo.

Como no tenía prisa, pensé que lo mejor sería no darles de comer hasta el día siguiente.

Con penas y trabajo me costó encerrarlos otra vez en su jaula, pero después de perseguir al Fox Terrier, perro nervioso donde los hay y encerrarlos a todos, me decidí tumbar un rato. Recuerdo que miré la televisión un rato y me desperté al día siguiente al despuntar el día.

No tardé ni diez minutos en darles el resto de comida a los canes, se lo puse en sus comederos y observé como se lo comían todos y todo, sin dejar rastro, lamiendo los comederos como si hiciera semanas que no ingerían nada.

En eso que me di cuenta que uno de los perros, un precioso Setter irlandés, con un trozo de carne colgando en la comisura de sus labios, me miraba fijamente. Me miraba fijamente, mientras mordía aquel trozo de carne humano y me pareció por un momento, solo por un momento, ver los ojos de su amo a través de los suyos, miré hacia otro lado y ví que el nervioso Terrier que me miraba con la misma mirada.

No lo dudé ni un segundo. Por si acaso, tenía que salir de allí echando leches. Por si acaso.

domingo, 6 de diciembre de 2009

LA GAVINA



Passejant per la platja


la galant gavina


volta riveres,


li agrada volar.


Veig com s´acosta


la gran au marina


a l´ona del mar.




Jo vaig descalça


amb roba esquinçada


tot escoltant l´aire


de la marinada.


Així tota sola


trepitjo la platja


rebent amb coratge


les ones del mar.




M´assec vora l´aigua


miro l´horitzó...


Tanco els ulls i recordo


una vella cançó.




El vent mou les fulles


de l´alta olivera


que els lliris de platja


acaronen cada estiu.




M´estiro a l´ombra


i sento un soroll:


és la gavina lleugera...


l´ocell fugitiu.


En el seu pic porta


un trosset de roba


que damunt la sorra


deixa reposar.




La gavina em parla


amb dolça veueta,


i em diu : "minyoneta,


el seu cos a la cala


trobaràs demà


on en la platja arenosa,


redós solitari


algú l´enterrà.


No sé qui és ell


sé que t´estimava


doncs abans de partir


una nota escrigué."




-Deixa´m gavina,


el vull veure ara.


Ara per sempre em vull adormir...


així quan desperti


l´amor dalt del cel


vestida de seda


i amb tintes de pluja


tornaré a la vida


amb aquest noiet.


on vora la platja


amiga gavina,


li posaré l´ànima,


i sobre la sorra fina


li besaré els llavis


i junts marxarem.


martes, 1 de diciembre de 2009

El décimo, no codiciarás los bienes ajenos.

Sin duda prefiero la muerte.
.
Me desperté en la total oscuridad, con la sensación de que me faltaba el aire y con un olor penetrante que desconocía totalmente. Alcé mi brazo para alcanzar el interruptor, pero algo frenó mi intento, mi mano chocó contra una pared entelada. Intuitivamente alcé mi otro brazo pero sucedió lo mismo.
.
Me entró el pánico, no recuerdo si grité o no, pero mis manos rápidamente buscaron una salida que no encontraron. Intenté levantarme pero estaba encerrado en un sitio estrecho que no me daba libertad de movimientos, sin duda era un ataúd. Noté que mi cuerpo se descomponía mientras intentaba no ahogarme con mi propio vomito. Perdí la conciencia, no sé durante cuanto tiempo, quizá horas.
.
Cuando volví en mi, creí sentir el hedor de mi propia putrefacción. Era el olor de mis heces y mi vómito mezclada con la transpiración de mi cuerpo, sin duda ese debía ser el olor de la muerte. Grité, berreé y gruñí. Dí mil patadas y mis manos seguían buscando una salida sin éxito. Sentí como las uñas se desprendían de mis dedos intentando salir de aquel féretro que no me pertenecía. Las astillas de madera se clavaban en la carne viva de mis manos. Lloré. Lloré de rabia, de impotencia, de cansancio, de dolor y, sobretodo, de pánico. Volví a perder el conocimiento, no recuerdo en qué momento puesto que la desorientación era absoluta.
.
Recobré el sentido, estaba allí. No tenía fuerzas para moverme, no tenía voluntad para gritar, ya no me quedaban lágrimas. Cerré los ojos ante la tenebrosa oscuridad y recé. No creo en Dios, pero recé y le rogué, y pedí perdón por todos los pecados cometidos. La tapa del ataúd se abrió, la luz me cegó y el aire del exterior me invadó hasta el punto de llegar a embriagarme.
.
-Dios, ¿eres tú?
-¡Como si lo fuera, capullo! El jefe está de buenas. Te da exactamente 36 horas para que le devuelvas la pasta. ¡Si no date por muerto nenaza! Y hazme un favor, date una ducha.
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Me escupió en la cara, se rió y me dejó solo dentro de aquella caja maloliente.
.
.