No podía dormir. Entre el calor sofocante, sus ronquidos y una almohada que no se hacía a mi cabeza ni a mis cervicales, pasé una noche realmente mala.
Intenté cambiar de posición mil veces pero si me ponía hacia arriba notaba que la cabeza se quedaba demasiado adentro de aquella mullida almohada, a pesar de los golpes que le di para ahuecarla. Si me ponía de lado el cuello cogía una posición demasiado forzada, lo mismo pasaba cuando intentaba ponerme del otro lado. Boca abajo ni lo intenté.
Yo no paraba de mirarlo. ¿Y si le hubiera cogido MI almohada que reposaba bajo su cabeza? Lo intenté, pero se aferraba a ella como si le fuera la vida en ella. Sé que es absurdo, las dos almohadas se compraron el mismo día, en la misma tienda, de la misma marca, de la misma medida y del mismo material, lo único que las diferenciaba es que sobre la que descansaba él era MÍA.
Me ponía enferma verlo babear sobre MI almohada, allí solo había sitio para mis babas por que era MÍA. Roncaba sobre MI almohada y se abrazaba a ella como si fuera suya. No podía verlo, la ira se adueñaba de mi.
Al final le dí utilidad a su almohada, fue muy rápido. Él se lo buscó, acaso no le enseñaron que no se cogen las cosas de los demás sin permiso.






