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La presidenta del rellano.
(1)intelligentsia o, en caracteres castellanos, inteliguentsia (del Latín intelligentia) es una clase social compuesta por personas involucradas en complejas actividades mentales y creativas orientadas al desarrollo y la diseminación de la cultura, incluyendo intelectuales y grupos sociales cercanos a ellos. El término ha sido tomado del ruso интеллигенция (transliterado como intellig(u)éntsiya), o bien del polaco. Los dos, a su vez, derivaron de la palabra francesa intelligence. Al comienzo, el término se aplicó en el contexto de Polonia, Rusia y más tarde, la Unión Soviética, y tuvo un significado más estrecho basado en la autodefinición de una cierta categoría de intelectuales.
Fue un error humano el que la nave New World fuera absorbida por el agujero negro que apareció justo después de ladesaceleración, cuando viajaban a la velocidad de la luz en dirección al planeta Earring, donde debían de crear la nueva era de la raza humana.
Cuando volvieron a materializarse, cada uno de los tripulantes despertó en su correspondiente cuna, ignorantes de lo que les deparaba el futuro.
Hace ya unos cuantos años hice un viaje junto con unos compañeros a Guinea Bissau de lo más peculiar. Nuestro objetivo era la pesca de altura que se practicaba en el archipiélago de Bissagos y teníamos la base en la isla de Bubaque, una de las pocas habitadas en aquella enorme zona de islotes, muchos de los cuales ni siquiera habían sido pisados nunca por el ser humano.
En aquella isla de ensueño, poca cosa se podía hacer, salvo contemplar las estrellas por la noche. Quién no ha estado en África no ha visto nunca espectáculo más vello.
La característica principal de la isla, al igual que en algunas otras, era la extrema pobreza de sus gentes, que pese a esa circunstancia, no pasaban hambre, pues sobraba el pescado, el marisco y también muchas frutas tropicales como los mangos, anacardos, cocos y demás. Vivían en míseras chavolas que únicamente utilizaban para dormir, puesto que de día la temperatura en su interior era sofocante. Vestían con harapos y muchas mujeres usaban como única prenda de vestir una simple falda confeccionada con hojas secas.
En el interior de la isla, no había nada, salvo una enmarañada selva de espinos imposible de traspasar ni siquiera a base de machetazos. Los escasos claros sólo eran accesibles por unas diminutas sendas que con dificultad cuidaban los lugareños para que la vegetación no las borrase para siempre. Por suerte la isla es pequeña y consecuentemente la pérdida de orientación en ella, imposible y las distancias muy cortas. Creo recordar que medía unos 12 kilómetros de largo por unos 3 de ancho.
Cierto día, paseando por una de esas sendas plagadas de llamativas y para mí desconocidas flores, me encontré en un espacio abierto en el que había un enorme baobab en el centro y cual fue mi sorpresa al comprobar que éste estaba hueco y que en su interior había una niña de unos 9 o 10 años de edad. Por no tener, ni siquiera tenía nada con que proteger su cuerpo. Iba completamente desnuda y muy sucia, pues su piel era del mismo color que el del suelo que yo pisaba en aquel momento. El pelo enmarañado y medio solidificado por falta de agua le llegaba a media espalda y unas uñas largas y llenas de suciedad adornaban sus pies y manos. Sin embargo no parecía ni enferma ni hambrienta y en su rostro no había miedo ni desesperanza. Sólo una visible curiosidad por el color de mi piel. Estaba claro que no había visto muchos hombres blancos en su vida.
El “skipper”(*) que me acompañaba y que me hacía las veces de guía por aquel exótico lugar, viendo mi sorpresa, me explicó con cierta dificultad a causa del problema idiomático, que aquella niña no tenía padres y que vivía dentro de aquel árbol.
Enseguida mi mente procesó aquella situación, dándome a entender lo desgraciada que era aquella criatura en aquella dramática situación. Me la imaginé sufriendo por las inclemencias del tiempo, en las dificultades para encontrar comida y bebida y muchas cosas más que para un occidental se nos hacen increíblemente penosas.
Supongo que al lector le pasará lo mismo que me pasó a mí. Cualquiera que lea esto se dirá: Pobre niña. Qué infancia más terrible.
Nada más lejos de la realidad.Lo que pasa es que a veces no vemos más allá de nuestras propias narices.
Aquella niña cada mañana bebía de la gran cantidad del limpio rocío que emanaba de las hojas de aquel inmenso árbol y que se canalizaba hasta llegar a unas grandes y cóncavas hojas verdes depositadas en lugares estratégicos. Cada día se frotaba su desnudo cuerpo con la finísima arena rojiza cual talco, para su higiene personal y porqué además, aquella delgada capa de polvo rojo, la protegía de los parásitos, de la mordedura de insectos y también le suministraba un abrigo por la noche y protección contra el sol durante el día. Hacía con sus propios orines una mezcla arcillosa para proteger su cuero cabelludo, atado con una de sus propias trenzas y con aquellas uñas, trepaba a lo más alto de los árboles como si de una ardilla se tratara, para coger cocos y otras frutas muy abundantes en la isla que yo desconocía por completo.
A diferencia de los lugareños que vivían en chozas de paja y que las inclemencias del tiempo a menudo destrozaban, aquella niña estaba protegida del viento, de las torrenciales lluvias del trópico, de las extremas temperaturas de día y del frío de algunas escasas noches.
Pero aún hay más.
En aquella isla, la religión predominante es la animista. Eso quiere decir que aquella gente, están en perpetua comunión con la naturaleza, a la cual consideran su principal deidad. El sol, el mar, el viento, la tierra, los árboles y todo lo demás unen un todo y gracias a ello nacen, viven, comen, se procrean y mueren. Así todos sus ritos y plegarias van en dirección a algo muy real y casi siempre palpable. Todo lo contrario de las demás religiones, donde se venera a personajes ficticios que han sido creados por la manipuladora mente del hombre y que nadie han visto jamás. En cambio esas gentes cada día ven como nace el sol, como cae agua del cielo y como los árboles dan frutos y el mar pescado para saciar su hambre. Todo ese conjunto forma un Dios al que se le tiene no sólo que alabar sino también que cuidar. ¿Para qué pescar un montón de peces si con un par ya tenemos suficiente? Conclusiones en definitiva que para cualquier europeo se nos hace difícil de asimilar. Allí no existe la ambición por lógica y también por lógica soportan con lo que la naturaleza les premia o les castiga. Todo tiene una causa y la casualidad no existe.
Basándose es esas lógicas, aquella niña era parte de su deidad, puesto que estaba perfectamente conjuntada con la naturaleza.Hacía sus necesidades junto a un enorme mango de dimensiones descomunales y la gente estaba segura que era a causa del abono que le suministraba aquella niña, cosa por otra parte, bastante probable o al menos posible. Por ello, en cierta manera era también venerada y muy a menudo obsequiada con lo que buenamente podían muchos de ellos, ya fuera con un pescado o con un pequeño cuenco de arroz hervido. También le regalaban ostras a menudo, pues su valor es allí insignificante debido a su abundancia. Algunos afortunados poseen gallinas ponedoras, alguna cabra o vaca, las cuales viven en absoluta libertad, con lo cual tambiénera obsequiada amenudo con algún huevo o un poco de leche.
A decir verdad, aquella niña de lo único que carecía era de problemas, pues según me contaron, ni tan siquiera se había puesto enferma una sola vez.
Cuando llegamos a la isla, íbamos cargados de caramelos que distribuíamos generosamente entre los niños que nos rodeaban constantemente como un montón hormigas. Se los dábamos a puñados lanzándolos al aire para que aquel enjambre no se nos echara encima. Cabe decir que estaban muy contentos y que incluso se empeñaban en agradecernos el detalle, obsequiándonos con anacardos recolectados por ellos mismos y tostados para que no tuviéramos problemas para romper las cáscaras. Es curioso comprobar que no hay gente más generosa que la que nada tiene.
En un momento dado en que quise darle algunos de aquellos caramelos a aquella niña del árbol, ésta me obsequió con una amable y pícara sonrisa, rechazándolos con mayor educación de la que cabía esperar. Estaba relamiéndose y en el suelo había varios envoltorios. Ni siquiera tenía la necesidad de pedir o de aceptar.
Desde entonces sueño muy a menudo con esa niña y a decir verdad y gracias a ella, he aprendido muchas cosas que antes ni se me habían pasado por la cabeza.
(Esta historia es totalmente verídica)
(*) Skipper significa criado, aunque su traducción literal sería “capitán”. En ciertas partes de África es muy difícil desenvolverse sin tener uno. Antiguamente eran esclavos, pero por suerte la cosa ha cambiado y en la actualidad cobran por sus servicios aunque sea una miseria. Cada uno de nosotros teníamos uno de asignado por la compañía que contratamos.
Con lo que gastamos nosotros en un día cotidiano, ellos y sus familias subsisten en aquella isla durante un año entero.
Viorica llevaba ya unos nueve años en España, concretamente en la provincia de Castellón. No le costó mucho integrarse y ahora dice que nunca volvería a su país. Encontró un trabajo como vigilante de seguridad y tuvo la suerte de que le hicieran un contrato indefinido al año de empezar a trabajar.
Aquel día Viorica vino de visita a casa de mi madre. Se conocían de vista pero nunca se habían sentado a hablar. Mi madre preparó café y sacó unas pastas. Viorica hablaba el valenciano, se notaba un poco su acento pero lo hablaba con bastante fluidez y muy correctamente.
-Al venir cap a aquí he travessat un camp de roselles preciós...
Mi madre me miró un poco sorprendida. En voz baja me preguntó.
-Que son roselles?
-Amapoles, mama.
-El més bonic de tot era veure les papallones volar, hi havien a milers.
Mi madre se giró hacia a mi.
-Era molt bonico vore les mariposes, mama.
Estuvimos hablando de unas cosas y de otras. Mi madre de vez en cuando me miraba para que le hiciera la traducción simultánea del valenciano al valenciano, pero la tarde se pasó bien y muy relajada.
-Perdoneu si sóc descarada. He vist que teniu maduixes al jardí, us importaria si provo una, si us plau?
-El qué?
-Les freses mama, que si per favor li donem una per tastar-la.
-Ah! Pues claro!- Le contestó mi madre.
-No fa falta que em parle en castellà, entec bé el valencià.
-Ah! Vale.- Mi madre me miró como diciendo "esta no s'entera?".
-Es cert.- Insistió Viorica.
-Bé, bé. Vale.
Mi madre salió al jardín a recoger fresas y lo que vio le hizo soltar una exclamación.
-La mare del corder!
Viorica me miró sorprendida.
-També teniu animals a casa?
Mi madre volvió toda sofocada, dejando cualquier explicación que le pudiera dar a Viorica fuera de lugar.
-Mira lo que et puc donar. Els pardals s'han arreat totes les freses!
La tarde siguió entretenida. Viorica era una chica muy agradable y tenía muchos temas de los que hablar. A mi madre le entretenía comparar la situación que había pasado el país de mi amiga con la situación que ella mismo había vivido. Incluso le llegó a decir que la bandera de Rumanía era igual que la española pero ladeada. Viorica me miró un poco extrañada, pero no pidió más explicaciones. De vez en cuando seguía haciendo de intérprete para ambas.
.
Cuando se despidió y nos dejó a solas. Mi madre me dijo:
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-És molt maja la teua amiga però, parla un poquet raro.
Estaba absorto viendo kabubi, el espectáculo más “in” dentro del panorama artístico-musical de Dar es Salam, katana en mano y dispuesto a jugarse el pellejo. No habría sido así de no haber alborotado las nuevas leyes impuestas por el líder John Malkovich en las que quedaba muy claro que andar en nubes de ácido cianhídrico representaba un gran peligro para las costumbres aburguesadas de los habitantes flotantes en suspensión asistida. Cabría pensar en algo etéreo que flotaba en el ambiente del teatro situado en las profundidades de la gran gruta propiedad del archimultimillonario Carl Gustav Marx Jr.
Efectivamente se vio envuelto de inmediato en el vacuo sentir de los niños aborígenes huérfanos de Saint Creedence, armados con sendas cucharillas y amenazando con catapultar en su dirección, el arroz a medio hervir que había en ellas.
En el momento oportuno en que el gran mono blanco escenificó la postura de la grulla; información que le habían pasado clandestinamente los motars tribales, supo que había llegado el momento de pasar a la acción y telepáticamente se autotransportó mediante el acelerador cuántico de partículas, hacia el córtex adecuado del responsable tránsfugo y causante de haber aireado los auténticos planes de la mano derechade John, mal llamado “El Efímero” y que en realidad se apodaba González.
Los planes de “El Efimero” sólo estaban claros en su desquiciada mente, puesto que manipular genéticamente sobre el número de jorobas de un dromedario o acortar la trompa del único ejemplar vivo de elefante africano en la reserva natural de la desembocadura del Ganges, eran proyectos lo suficientemente siniestros como para acaparar la atención de los sicarios del sublevado Zacarías North, descendiente directo del malogrado guía espiritual de John,Mr. Álvarez Cornelius North con residencia en el templo de Khajuraho donde hacía sus prácticas trascendentales.
En el mismo momento en que recuperó las fuerzas de su viaje, especuló en las reacciones químicas que pudieron haber afectado a su arma. De todos es sabido que Io refleja incandescentes poderes misóginos en su órbita como para transformar cualquier estado sólido en vacuo estado de inmaterialidad. Enseguida comprendió que un cuerpo a cuerpo en los oscuros corredores de Saint George en Labilela era una batalla perdida de antemano y antes de perecer en la deshonra del despojo de sus condecoraciones, prefirió una digna aunque no menos dolorosa retirada, como tampoco era cuestión de que lo capturaran y lo condenasen a un suplicio en el que la práctica del empalamiento que tan de moda puso antaño Shaka Zulú, fuese un juego de niños.
Llorando lágrimas acristaladas se sumió en la desventura de saber que no había nada que hacer al respecto. A los murciélagos les empezarían a crecer las plumas, los canguros pondrían huevos deformes y mortalmente tóxicos, los roedores carecerían de incisivos y las serpientes de cola, con lo cual tendrían que desplazarse mediante su bífida lengua. Los asexuados ñus biónicos acapararían la totalidad de la sabana dejando tras de sí nubes de polvo rojizo que sembrarían el caos entre sus legítimos habitantes, los bóhers groenlandeses, y ante tamaño desastre, ya nunca más se recuperarían los estudios genéticos del único unicornio con vida del planeta creado artificialmente.
No le quedó otra alternativa que compartir sus miserias con la famosa niña que vivía en el interior del majestuoso boabab y tras lustros de fatigante espera, avistar en el horizonte la luz que le guiaría hasta la tan ansiada eternidad de los guerreros de Xian.
(Especialmente dedicado a ciertas “doggias” por sus maldades.)
Cuando eramos niños nos gustaba tumbarnos en la hierba para ver las estrellas.
Aquel día estaba muy callado. Lo miré, su cara seria y su mirada perdida despertó mi inquietud. .
-¿En que piensas?
Siguió mirando al cielo sin dirigirme la palabra.
Mi hermano tenía 6 años más que yo, él ya era todo un adolescente y yo iba a entrar en una edad complicada. Era hermoso, a mi me lo parecía. Me encantaba como se rizaba su pelo y el tono de su piel en verano, sus ojos eran de un marrón profundo y su mirada no escondía nada. Además, me quería con locura, tanto como yo a él.
Tuve que incorporarme para que se fijará en mi.
.
-¿En que piensas?
Sus ojos se posaron en los míos y me traspasaron.
-En nada.
Volví a tumbarme sobre la hierba y nos quedamos en silencio. A mi hermano le encantaba hacerme reír, aún seguía cogiendo mis peluches para usarlos como marionetas que me hablaban. Se creía que era una niña, pero siempre conseguía hacerme reír.
Me cogió de la mano y me dio un pequeño apretón. Sus manos eran grandes, suaves y cálidas. Con su pulgar me hacía pequeñas caricias en forma de círculo en el dorso de mi mano. Era su forma de decirme que le gustaba que estuviera a su lado.
Seguimos mirando las estrellas sin mediar palabra. Aquel momento lo guardo para mi como uno de los más hermosos de mi vida. Él ya sabía de su enfermedad, pero no quería hablar de ello, solo quería mi compañía.
Fue degenerando rápidamente, a los pocos meses me dejó para siempre pero él sabe que lo llevo en mi corazón.
Para sorpresa de María, fue inmovilizada por numerosas manos que la agarraban con fuerza. Ya había pasado otras veces por aquella desagradable experiencia, pero nunca llegaría a acostumbrarse.
Sintió aquel agudo pinchazo en su cuello y se estremeció de dolor. Luego, como siempre, empezó a manar abundante sangre del orificio que le habían practicado en la yugular para ser depositada con cuidado en un cuenco. Al cabo de un rato empezó a sentirse débil y un poco somnolienta, pero antes de desplomarse, notó como le apretaban con fuerza la herida hasta que ésta se cerró y dejó de sangrar. Luego la dejaron libre de nuevo y se alejó de allí vacilante y confusa. Estaba sedienta y fue en busca de agua.
- Ya tenemos suficiente. No nos conviene que María se debilite mucho. Podría caer enferma.
- Déjame echar un trago.
- Ni hablar. Ya sabes que tenemos que repartirla entre todos.
- Tú siempre tan honrado. Haces bien.
- Intento hacer lo correcto.
- ¿Por qué le pusiste ese nombre tan raro?
- ¿Te acuerdas de aquellos hombres tan extraños que vinieron a visitarnos hace cosa de tres veranos? No eran como nosotros, llevaban unas vestiduras que nunca habíamos visto y no hacían más que hablar en una lengua que no entendíamos.
- Sí, me acuerdo.
- Había una hembra que no hacía más que observarnos con sus ojos azules y que gritaba constantemente. Parecía que todo le daba miedo. Era gorda y su cara muy pálida. Cada vez que abría la boca era para exclamar ¡Jesús, María y José!
- Lo recuerdo, eran todos muy divertidos. Llevaban unas cosas que se ponían delante de los ojos cada vez que veían algo que les llamaba la atención. Me daban muchas ganas de reír.
- Si, pero según dice mi anciano y sabio padre, hay muchos como ellos. Parece ser que ya había visto a algunos de esos anteriormente. Fue él quién me dijo que María era un nombre de mujer.
- Ya entiendo. Y por eso le pusiste ese nombre tan extraño a esa buey hembra, jajaja!!! Que ocurrencias tienes. –Exclamó divertido el joven guerrero Massai.
Pues sí, allí empezó todo. Mi adicción y mi ruina.
Andaba yo buceando entre los DVDs, buscando esa peli musical antigua y exclusiva que no tiene casi nadie, años cincuenta, actor todavía desconocido, coreografía única…esas pasiones.
Por error de colocación, había un ballet clásico entre mis amores horteras y frívolos. Un poco caro pero, por UNA vez, vamos a curiosear..
Dos veces, tres veces, cuatro…hasta que descubrí que los bailarines hablan y me empeñé en comprender su idioma, que el vestuario habla, ¡joder, y el decorado también! Cinco veces, seis, esta versión de los franceses parece que mola, a ver la de los rusos si es igual, pues esta de los italianos parece chula.
La colección aumenta pero faltan algunas cosillas. Quiero ver las Danzas Polovtsianas de El Príncipe Igor, es imprescindible que las encuentre donde sea y como sea pero ¿dónde están? Elemental, están en El Príncipe Igor.
Joer, a mí no me gusta la ópera, ¿me voy a comprar tres horas de ópera rusa para ver diez minutos de ballet? ¡¡¡Ya te digo !!! Una ópera, dos óperas, tres, cuatro, ¡leches, mola esta música!
Ah,la intel.ligència emocional humana!!!! N´hi ha qui diu que la nostra intel.ligència,ben mirat,conspira sempre a favor del que ens agrada i ens domina,que és una maquineta més o menys complicada que forneix arguments contra els arguments del altres.Jo em pregunto: I si no va acompanyada d´uns bons factors de personalitat,pot donar algun fruit?
Hom pot ser un pou de ciència,que diuen.Però si manquen les habilitats socials com per exemple la comunicació,el diàleg o el saber escoltar...serveix d´alguna cosa ser intel.ligent en aquesta societat?
I ja que parlem de la comunicació...qui és més intel.ligent, qui parla de manera eloqüent o el que ho fa de manera retòrica? Ho hem de tenir molt clar,i no tothom que es considera intel.ligent li té.Qui és més empàtic, el retòric o l´eloqüent? Ho teniu clar tot plegat?
Se habían conocido por casualidad en la calle cuando ella tropezó llevando aquellos zapatos de tacón alto. Su tobillo se torció y Pablo la ayudó a levantarse y amablemente la llevó a un hospital cercano donde le diagnosticaron una leve torcedura de pronta recuperación. Enseguida hubo un intercambio de miradas que afectó al pequeño Cupido que todos llevamos dentro y el flechazo fue inevitable. Al cabo de unos días ya paseaban juntos y se intercambiaban mensajes vía SMS durante las horas de trabajo. Luego llegaron los apasionados besos a la luz de la luna, las dulces palabras de amor y las sutiles caricias de pasión sin llegar a más por respeto o tal vez por pudor. Sólo deseaban estar el uno al lado del otro en todo momento sin importarles el resto de la humanidad.
Con el tiempo Pablo empezó a proponerle una relación más íntima, pero Magda siempre derivaba la conversación hacia otros derroteros, cosa que exasperaba a Pablo. No obstante su amor hacia ella era tan intenso que lo aceptaba como un mal menor. Pensaba que Magda no era como cualquier chica y que seguramente quería estar convencida de sus sentimientos antes de dar un paso adelante. Tiempo habría para demostrarle que la cosa iba en serio.
Magda era una auténtica belleza, y más a los ojos de Pablo. Su pelo color pajizo, sus ojos azules y sus carnosos labios daban buena fe de ello. De mediana estatura y cuerpo esbelto, con pechos bien contornados y porte elegante, era la chica ideal con la que siempre había soñado. Por su parte, Pablo era un chico de complexión atlética, con un rostro de facciones duras aunque agradables, tez morena y saludable y unos grandes ojos de negro intenso que hechizaban a Magda. Podía decirse que cuando estaban juntos eran el vivo retrato de la pareja perfecta.
La pasión que sentía Pablo por Magda le ocasionaba una excitación difícil de contener y aunque los besos y caricias que le propiciaba eran recibidos por ella con sensual ternura, él ansiaba más. Acariciar su pelo, degustar de su boca y el suave tacto de sus pechos era el néctar de los dioses, más cuando intentaba ir más allá, ella con sutileza le hacía desistir ofreciéndole sus manos y su boca para que él se sintiera en el paraíso hasta llegar al éxtasis final del orgasmo. Luego Pablo insistía con amor en devolverle el regalo, pero ella siempre se negaba con una pícara sonrisa de felicidad en su boca. Parecía como si Magda se sintiera satisfecha sólo con verle a su lado, relajado de nuevo.
Lo que Pablo en un principio interpretaba como un acto de moralidad extrema, se fue convirtiendo en obsesión. No se sentiría nunca completamente dichoso del todo si ella no aceptaba estar en las mismas condiciones de placer, gozando tanto como él, por lo que decidió proponerle una prueba de su amor. Se dijo a sí mismo que fuese cual fuese la decisión de Magda, seguiría siendo su chica. No concebía un mundo sin ella.
Magda amaba a Pablo.
Desde el primer día supo que aquel apuesto joven era el hombre de su vida. Sabía de su infancia, de su trabajo, de sus amores de adolescente. Él se lo había contado todo durante aquellos felices meses en que lo único que le importaba era estar a su lado y le preocupaba que su amor pudiera terminar algún día y de que había muchas posibilidades de que eso ocurriera. No podría resistirlo. Estar lejos de Pablo sería morir en vida y precisamente esa amarga sensación la consumía por dentro cada vez que él le proponía una relación más íntima. Una relación de pareja estable con todas sus consecuencias.
Pablo le había insistido y a pesar de sus reticencias, sabía que aquello sería inevitable. No podía ocultar por más tiempo la pasión que sentía por él y era consciente de que su relación peligraba, aunque también se sentía inmersa en un pozo de dudas pensando si precisamente una vez cumplidos sus deseos, aquello se terminaría con una desilusión que acabaría poniendo fin a todo lo que ahora tenía y que jamás tuvo. La idea la horrorizaba a tal extremo que no la podía dejar dormir por la noche, pero…¿qué otra opción le quedaba?
Al final accedió a sus deseos y para preservar la intimidad, le propuso ir a su casa. Pablo se sentía feliz y excitado. Magda temblaba y se preguntaba si aquello no sería la antesala del final de su relación.
El apartamento de Magda era pequeño, con austera decoración aunque con gusto refinado. Nada más entrar, Pablo empezó a besar a Magda apasionadamente. No podía reprimir su excitación y el mero hecho de saber que por fin Magda se iba a entregar a él en cuerpo y alma, le hacía sentir dichoso. Sin embargo Magda reaccionó de una manera un tanto sorprendente. De forma delicada lo apartó con ambas manos renunciando así a aquellos besos y caricias que tanto le gustaban, al tiempo que lo empujaba en dirección al sofá que presidía aquella estancia, hasta que Pablo no tuvo más remedio que sentarse a la espera de sus misteriosas intenciones.
Magda empezó a quitarse la ropa ante los atónitos ojos de Pablo. Su frágil cuerpo fue adquiriendo forma a medida que las prendas iban cayendo al suelo, hasta que no quedó absolutamente nada por quitar, quedándose desnuda por completo. La suerte estaba echada.
Pablo amaba a Magda.
La desnudez de Magda no hizo más que aumentar su deseo. El amor que sentía era inconmensurable y observando su ruborizado rostro, ahora oculto por ambas manos, pensó que su amada se lo estaba pasando mal.
Se levantó del sofá y se dirigió hacia ella. Magda seguía temblando.
Pablo no dijo nada, pero sus manos hablaron por él. Delicadamente acercó su rostro al de Magda que estaba llorando y empezó a besarle las lágrimas que le caían abundantemente por sus mejillas. Luego le besó los labios y el cuello mientras acariciaba sus hombros hasta bajar a aquellos pechos que tantas sensaciones de pasión le proporcionaban. Magda seguía temblando, aunque el miedo empezara a diluirse para transformarse en excitación. Deseaba con todas sus fuerzas que aquello no terminara nunca, sin embargo Pablo siguió convencido de que aquello era la antesala de su futura felicidad. La quería incondicionalmente y aquel era el mejor momento para demostrárselo.
Siguió descendiendo por su cuerpo y depositando sus ardientes besos en vientre, ombligo y caderas hasta situarse frente al tan ansiado sexo de su amada que le había sido vetado hasta aquel momento.
Sólo aquel pequeño apartamento fue testigo del amor que se desprendía de aquella hermosa pareja. Pablo había encontrado a la mujer de su vida y nada ni nadie los podría separar nunca. Eso pensaba cuando empezó a besar delicada, sutil y deliciosamente el pene de Magda.