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Por parte de la intelligentsia (1) del blog, se comunica que los comentarios off-topic (fuera de tema), las faltas de respeto y los versos ripiosos serán eliminados por no atenerse a las normas de respeto de la comunidad.

La presidenta del rellano.

(1)intelligentsia o, en caracteres castellanos, inteliguentsia (del Latín intelligentia) es una clase social compuesta por personas involucradas en complejas actividades mentales y creativas orientadas al desarrollo y la diseminación de la cultura, incluyendo intelectuales y grupos sociales cercanos a ellos. El término ha sido tomado del ruso интеллигенция (transliterado como intellig(u)éntsiya), o bien del polaco. Los dos, a su vez, derivaron de la palabra francesa intelligence. Al comienzo, el término se aplicó en el contexto de Polonia, Rusia y más tarde, la Unión Soviética, y tuvo un significado más estrecho basado en la autodefinición de una cierta categoría de intelectuales.

lunes, 22 de agosto de 2011

Mi página en Facebook

Hace muy poco, creé una página de mi Escola, donde yo estudiaba cuando era niña, la hice con una ilusión desmedida, busqué gente por facebook, e invité a la mayoría de compañeros, todos los que pude encontrar, encontré muchos. En mi Escola ya había tenido la experiencia de que faltará un compañero, así que hice mención de él en la página.

Era una página con su orla, sus fotos de cuando éramos niños, con su espacio para anécdotas, una página como otra cualquiera del Facebook.

Después vendría el disgusto en la página, faltaba una compañera. El golpe para mí fue brutal, esperaba encontrarlos, bien o mal, pero vivos. Era mi deseo que después de veinte años nos viéramos aunque sólo fuera una vez.

Invité profesores, fui a la Escola, con más miedo que otra cosa, no era plan después de 20 años presentarse con una noticia como esa bajo el brazo. Había intentado por todos los medios mantener contacto con un profesor, pero éste parece estar bastante ausente. No contesta.

Al final lo hace, y hablo con él, ya lo sabían. Menos mal. Pido participación en la página. Al profesor que se lo pido, escribe libros, es escritor, me regala un libro suyo. No haré mención aquí, porque esto no es un tablón publicitario.

Intenté que la gente participará, no pude, ni anécdotas, ni fotos, ni nada. Incentivo la participación, incluso con los profesores. Ninguno de ellos, participa, le pido una poesía al profesor-escritor. Su contestación es que no tiene tiempo. Me enfado mucho con él, después de 20 años y no tiene Ud. tiempo, ¡¡¡jo!!!! Hay miles de respuestas, ¿pero alguno de vosotros contestaría así, a la petición de un ex alumno suyo? El resto no me ha dicho nada. El libro se lo devuelvo vía correo ordinario. Hubiera preferido un “no quiero participar”.

Aquí es donde yo me pierdo, ¿por qué nadie contesta? Ni diciéndolo bien, ni mal. Es más con el resto de compañeros, tampoco mantienen relación por el Facebook, ni nada, te añaden pero ni tan siquiera te preguntan cómo estás. Evidentemente, borro la página, y a los compañeros y profesores que no contestan a nada.

La gente no contesta y cuando lo hace es para decir que no tiene tiempo, será que no les interesa, ¿por qué no lo dicen? Eso me molesta menos. Está de moda, el no tengo tiempo y no contesto. Uno no tiene tiempo un día, un mes, dos o tres, o los que le hagan falta, ¿pero toda la vida? No contesto, entonces ¿para qué te apuntas a la página?, ¿para qué me añades? No hay que quedar bien, sólo ser correcto. Para mí eso es una falta de respeto muy grande.

Yo me hago cruces porque la gente es así, no lo he entiendo. Si alguno de vosotros me puede contestar que lo haga.

lunes, 15 de agosto de 2011

* El tiempo *




El tiempo, es enigmático, las horas del reloj pasan inexorablemente, en un camino que tiene fin. En un historia que sin estar escrita, vamos haciendo el apunte día a día, sin darnos casi cuenta.

Todos nos quejamos de que a veces "va muy deprisa", como corre cuando estamos con la familia o en nuestras actividades de ocio; otras "es que parece que se detiene", sobre todo cuando es una obligación, trabajar, estudiar y otras cosas que nos apetecen mucho, mucho, hacer.

Lo medimos todo con el tiempo, nuestro horario para trabajar, comer, dormir, y disfrutar.

¿Quién no se ha quitado el reloj ante un examen? Yo me ponía nerviosa el no saber si iba a tener tiempo para acabarlo. Y allí estaba la típica pregunta, que necesitaba desarrollo.

¿Cuántas veces nos hemos mirado ese mismo reloj esperando que diera la hora para salir del trabajo? Y no corre, decimos todos. Lo largo que se hace a veces.

A veces dedicamos más tiempo a unas cosas que a otras, dejando de lado, aspectos importantes de nuestras vidas, viejas amistades, aficiones olvidadas, por ejemplo está: escribir.

He vuelto. ¡Qué peligro!

martes, 12 de julio de 2011

Una moqueta color beige

Una moqueta color beige



El mar se salía por el marco inferior derecho de la fotografía. El agua estaba fría. Los peces saltaban sobre la moqueta.

Por el marco superior izquierdo una gaviota se lanzó sobre un pez plateado y salió volando con él en la boca por la ventana del salón hacia el horizonte.

Se perdió en el cielo azul garabateado por mi hija de tres años y colgado en la nevera con un imán en forma de rodaja de sandía.

Era roja, dulce y sin pepitas. Abrí la nevera para dejarla otra vez dentro. El frío era excesivo, como un glaciar en la Antártida.

El hielo se rompió bajo mis pies. La corriente me arrastraba hacía el horizonte, donde el mar se junta con el garabato azul.

Una ola me dejo caer sobre la moqueta mojada por el marco inferior derecho de la fotografía.

viernes, 24 de junio de 2011

El origen de los deseos

EL ORIGEN DE LOS DESEOS






Era noche de San Juan.



Solitaria, en la orilla, la brisa le mecía los cabellos, la danza de sus mechones ondulados era hipnótica, el vaivén de su pelo causaba una extraña sensación de letargo. Sus grandes ojos azabaches miraban al horizonte con anhelo de lo desconocido, de algo que aún está por llegar, de algo que quizás nunca ha de llegar. Sus labios esbozaban una temerosa sonrisa, esperando aquello que ni siquiera ella sabía qué era. Allí, el mar bañaba sus pies mientras que poco a poco se le hundían en la arena.

Las hogueras ya ardían, sus llamas bailaban a compás de las risas de la gente. Las pequeñas ninfas del fuego, en forma de chipa, salían de él corriendo a su libre albedrío para deleitarse de la fiesta de San Juan. El viento las arrastró hasta ella y la rodearon entre danzas y juegos.

La unión de los cuatro elementos desató la magia de la noche señalada. El viento se convirtió en huracán, el mar enfureció, la tierra tembló y el fuego quemó más que nunca. Fue un instante, quizás un segundo, o tan solo pasó en la imaginación de la gente y jamás ocurrió en la realidad.

Ella, dejó de ser ella sin dejar de serlo. Un halo de luz la envolvió y sus resplandecientes alas afloraron de su ser. Era hermosa, no había palabras para describirla. Nunca nadie había visto nada semejante. El Hada de los Deseos había nacido en la noche de San Juan.

domingo, 5 de junio de 2011

Menús veraniegos


Menús Veraniegos

Las costumbres gastronómicas de las personas no representan en absoluto sus nacionalidades. Esto lo he comprobado infinidad de veces, pero no hace mucho y fijándome en los comensales de cierto restaurante típico costero/veraniego inundado de turistas (una de mis aficiones favoritas es observar a la gente), confirmé mis sospechas de que nadie actúa del mismo modo delante de los platos culinarios representativos de cualquier país.

Hora de cenar y por la manera de hablar de una pareja francesa, o por lo menos de habla francófona: Una pareja comiéndose de primer plato una ración de melón que desmitifica el refrán de que el melón por la mañana es oro, por la tarde es plata y por la noche mata. Si eso fuera cierto, esos dos comensales habrían muerto nada más acabada la cena. De segundo la señora pidió un plato a base de carne que por lo que reflejaba su rostro, en un principio le dio asco pero que acabó en deleite pues el plato quedó inmaculadamente limpio. El señor en cambio no le hizo ningún asco a una enorme lubina al horno. Me imagino que debía ser la única comida ingerida en todo el día, de lo contrario no se entiende que dos personas entradas en años fueran tan delgadas. Cabe decir también que a la mañana siguiente pidieron lo mismo, así que lo del melón definitivamente queda en leyenda urbana.

En otra mesa, otra pareja también de habla francesa pero algo más joven, después de dar cuenta de una montaña enorme de mejillones al vapor, se zampó una paella marinera de proporciones desmesuradas, la cual me imagino debió de tardar una eternidad en digerirse. Supongo que las vacaciones alteran las costumbres, de lo contrario no entiendo como toda esa gente se llena de tal modo la barriga a una hora tan tardía.

Los más divertidos fueron un grupo de alemanes, o por lo menos de habla germana. Todo lo querían “típico” del lugar y así dieron cuenta de un enorme pica-pica de raras combinaciones que se me antojaron más típica comida afrancesada que nuestra. Me llamó mucho la atención que uno de los “pica-pica”, fuera una diminuta tostada con un pedazo de tortilla ensartada con un mondadientes y una aceituna culminando la majestuosa obra culinaria. Al darse cuenta de que nosotros también éramos “típicos” del lugar, pidieron el mismo vino, el cual degustaron con excesivo deleite y excesiva cantidad. De segundo pidieron unos pescados enormes que según pude comprobar en la carta, tenían unos precios desorbitados. Como no, de postres una crema catalana hasta agotar las existencias del restaurante. No hubo crema catalana para nadie más. Esos por lo menos no cometieron el horrible acto que hicieron unos ingleses, o mejor dicho, anglosajones, al pedir una coca-cola para comer una sopa de pescado, plato que por cierto también pidió mi señora esposa y que según me dijo estaba delicioso. Claro está que mi esposa la degustó acompañada de un buen vino blanco de la tierra.

Un ruso (ese sí lo era seguro porqué me lo dijeron), marcó la diferencia al pedir una brochette (o sea, un pincho) acompañada de un gin-tónic con más “gin” que “tónic”, vino blanco, vino tinto, cava y un cortado que no pudo beberse, porqué lo derramó encima de la mesa a causa de la cogorza que llevaba encima. Cabe matizar que la brochette, de típica tenía lo que yo de mameluco. Vieiras gallegas, calamares a la malagueña y “pescaíto frito” con algún que otro tomate cherry asado.

No es cierto de que los turistas coman zanahoria cruda y apio a todas horas, puesto que no vi ninguna ensalada sino más bien platos demasiado contundentes para la hora que era. A pesar de eso, había ensalada en los platos a modo de adorno que nadie comía.

En cambio yo pedí una tostada de pan con tomate, escalibada y anchoas y para mi sorpresa, en vez de pan me sirvieron “coca” de la que se come. Sabido es en mi tierra, que ese plato es muy típico, pero a base de pan y no a base de pizza. Si me hubiese apetecido una pizza, no habría pedido un pan con tomate y así se lo expresé al atento camarero que nos servía. Sonriente nos contestó que eso era cosa del “chef” y para mi sorpresa, me enteré de que dicho “chef” era sudamericano, por lo que lo de “típico” era aprendido recientemente. No obstante, la crema catalana que nos tomamos al día siguiente de postre, estaba deliciosa y además recién hecha, ya que los alemanes, como he dicho antes, terminaron con las existencias.

Y hablando de desmitificaciones, aprovecho para desmitificar el griterío latino. Allí quién menos gritaba éramos nosotros seguidos de los francófonos. Seguidamente venían los anglosajones y los germanos que charlaban a grito pelao. Cerraba la lista el bolchevique a pesar de estar más solo que una almeja. Todo un espectáculo.

Ya para terminar, confieso abiertamente haber pedido en un restaurante gallego, un pà amb tomàquet, o sea que tampoco yo me salvo de ser criticado.

Buen provecho a todos.


martes, 24 de mayo de 2011

Vivo en un vertedero



Yo también vivo en un vertedero solo que es más amplio, se llama planeta tierra. La contaminación de los mares, los ríos, las ciudades , contaminación social que incluye las ideas, contaminación del espacio lleno de satélites fuera de servicio y que forman parte de la basura espacial.Contaminación de la tierra por industrias petrolíferas, contaminación ambiental por centrales nucleares como Fujusima o Chernobil. contaminación........somos los animales de la creación que más contaminamos y en nuestro propio detrimento, es que somos como tontos por que no cuidamos el planeta, nos creemos dueños de él y no nos damos cuenta que somos un animal más dentro de su amparo.
Cuidemos el planeta, es lo más grande que tenemos, es nuestra madre naturaleza y ella nos quiere, no sé yo si la devolvemos el mismo sentimiento.

lunes, 25 de abril de 2011

DIÁLOGOS CON MI MADRE


DIÁLOGOS CON MI MADRE

Hola mamá.

¿Eres Pepito?

No, soy Josep, tu hijo.

Qué casualidad. ¿Cómo me has encontrado?

Viniendo. ¿Cómo te encuentras?

Tengo que ir a…..

¿Dónde tienes que ir, mamá?

¿Pepito ha muerto?

No, mamá. Papá está bien.

¿Y mamá?

¡¡Dios!! La abuela lleva muerta más de 50 años.

¿Murió aquí en casa?

Esto es un hospital, mamá.

¡¡ Señorita, señorita!!

¿Por qué estas llamando a la enfermera, mamá?

¿Qué es esa cuerda que cuelga del techo?

Yo no veo ninguna cuerda. Mamá.

Eres un mentiroso. ¿Crees que no sé lo que me has hecho?

¿Y qué es lo que te he hecho?

Lo sabes perfectamente.

No, no lo sé.

¿Cómo vamos a hacerlo?

¿El qué mamá?

No sé cómo hacerlo.

¿El qué?

Tengo que hacer pis.

Llevas una sonda puesta, mamá.

Entonces vámonos.

¿A dónde?

¡¡Josep, Josep!!

¿Por qué gritas, mamá? Estoy aquí.

Que me tienes que contar tú a mí….

Por favor, tranquilízate mamá.

¿Cómo quieres que me tranquilice? Aquí sin comer y sin dinero.

¿Cómo que sin comer? ¿Acaso no comes?

Sí, pero la merluza es mala.

¿Te han dado merluza para comer?

No.

¿Qué te han dado?

Tengo la boca seca.

Voy a traerte un vaso de agua.

…………….

Aquí tienes mamá.

Ramón…cuantos días sin verte.

Soy Josep, mamá. Soy tu hijo.

Si, ya lo sé. Déjame cerrar los ojos.

¿No quieres el agua?

No, no tengo sed. Ya he vuelto.

¿De dónde?

De trabajar.

Vale.

No me gusta este cine.

¿Te refieres a la televisión?

Que desgraciada soy. Mi hijo ha muerto (lloros)

Tu hijo soy yo, mamá. Y no me he muerto.

¿Y mamá?

La abuela lleva ya muchos años muerta, mamá.

Tengo calor.

Sí, aquí hace un poco de calor.

Tengo frío.

¿En qué quedamos?

¡¡Oiga, señor!!

¿A quién llamas, mamá?

Cállate que me desconcentras. Llévame al lavabo.

Ya te he dicho que llevas una sonda. No tienes que ir al lavabo.

¿Qué quieres decir?

Que puedes hacer pis tranquilamente.

Pues vete.

¿Quieres que me vaya, mamá?

Sí. Y no vuelvas en tres días.

Vale. Hasta mañana mamá.

¡¡Montse, no me dejes!!

No soy Montse, mamá. Soy Josep. Montse es tu nuera.

¿También ha muerto?

No ha muerto nadie, mamá.

¿Entonces qué hace aquí toda esa gente?

Son enfermos como tú, mamá. Están aquí en el hospital para curarse.

Josep no viene a verme nunca.

Pero si estoy aquí…Vengo cada día.

¿Qué quieres decir?

Nada, mamá.

No me fío de ti.

¿Por qué, mamá?

Estoy muy nerviosa. Voy a cerrar los ojos un momento.

Hasta mañana, mamá. Que descanses.

Dile a mamá que venga a verme.

Vale, mamá. Ya se lo diré.



miércoles, 20 de abril de 2011

REFLEXIONES DE UNA MIEDICA PATOLÓGICA


A mi el dentista me duele psicológicamente... y eso es dolor... Te abren la boca hasta descoyuntarla, te ponen un paraguas del revés que te aprieta justo en la encía, que cuando te lo quitan no sabes que te duele más, si el puto paraguas o to el meneo que te dan.

Te pinchan para que no te quejes y si te quejas, va y te vuelven a pinchar. Y digo yo que unos taponcitos o unos cascos de insonorización no vendrían nada mal... ufff!! El ñiiiiiii ese que se oye, es una pesadilla... creo que en la escena de la ducha de Psicosis ese sonido hubiera encajado que no veas!!!

Y lo peor es cuando se te acerca el tío ese todo tapao, para que luego no lo reconozcas por la calle, claro... con unas manazas enfundadas en guantes de látex que son enoooormes... (En realidad parecen enormes en ese momento, por que mi dentista es mujer y bastante chiquitina...) Con los aparatos esos que cogen con mucha delicadeza... pero ay!! Ay!!

Y cuando se acaba to te dan un vasito de agua para que te enjuagues, que por lo que pagas ya te podrían servir un gin-tonic por lo menos... Y nunca cabe la suficiente agua, siempre te queda la boca... mmmm... como decirlo?? Asquerosa!!! Y trata de escupir como un hombre en ese momento... trata!!! Siempre se te quedan las babas colgando... que te tienes que limpiar con la servilleta esa que te ponen, que de absorvente tiene lo mismo que un paraguas... vamos mal!!

Ainsss... que luego va y se despierta... y ya, en todo el día, no te quitas al puuuu...ñetero dentista de la cabeza...

Ainsss qué dolor!!!

LLUVIA

LLUVIA

Se sentía pequeña y banal pero había hecho tantas cosas en su vida; nadie las podía imaginar.

Una de las cosas más llamativas que hizo fue practicar la caída libre. La velocidad de la caída la deformaba, el viento incluso jugaba con ella corrigiendo el rumbo a su antojo. Cayó en el mar.

Se sumergió con los delfines, bailó entre las algas y conoció los abismos marinos. Se enamoró de una sirena de piel dorada, pero aquello, desde el inicio, fue imposible. Emergió a la superficie.

Viajó en un crucero de lujo, las luces la deslumbraron pero no era lo que buscaba. Prefirió navegar en una humilde barca y ver faenar a los pescadores. Estuvo al lado de ellos padeciendo el duro trabajo. Llegó a puerto.

Paseó entre los amarres, pero se veía encerrada, volvió a la mar. Una gaviota se posó sobre ella y la llevó a la orilla. La noche era fría, pero no sabía que cuando llegara el calido día ascendería para quizá volver a ser lluvia.

domingo, 20 de marzo de 2011

MALDITA CRISIS


Maldita crisis

Sin lugar a dudas ha cambiado. Son muchos los años que sigo viniendo a pasar unos días en este bonito lugar costero y es innegable que ha cambiado en muchos aspectos.

Ayer estaba sentado en un banco del paseo marítimo esperando a que llegase la hora de la cena mientras observaba los múltiples detalles que me hicieron llegar a este convencimiento. Infinidad de carteles colgados en casas, pisos, locales y apartamentos, no ya a segunda o tercera línea de mar, si no a lugares muy privilegiados, anunciando su alquiler o su venta que no se va a realizar a no ser que bajen los precios mucho más de lo que ya lo están haciendo ahora.

Los turistas ingleses, alemanes y franceses brillaban por su ausencia a excepción de algún que otro matrimonio de escasos recursos que consumían un simple helado de cucurucho o bebiendo una coca cola de lata y sin pajita. Eso sí, las señoras turistas con pareja seguían siendo gordas, rubias y con la piel de color granate aunque no hubiera ningún sol radiante. Bien al contrario, era un día de cielo plomizo que amenazaba lluvia desde buena mañana aunque no acababa de decidirse. Supongo que a pesar de estar oculto, el astro rey sigue haciendo de las suyas sin consultarnos.

Con todo, la temperatura era agobiante ya que era pleno mes de julio, temporada que en años anteriores estaba abarrotado de un ir y venir de multitud de turistas de muy dispares lugares que se sentaban en las terrazas a disfrutar de las vistas mientras consumían unas copas de helados y frutas monumentales o bien de unas enormes jarras de refrescante cerveza o sangría que hacía juego con sus sonrosados rostros. Ahora en cambio, las terrazas estaban vacías a excepción de algunos camareros que se distraían haciendo juegos malabares con sus bandejas y esperando algún cliente que raramente llegaba.

Me pregunté que había pasado con las famosas suecas de antaño y del griterío de los adolescentes en estado etílico a media tarde.

Los únicos transeúntes eran del país y sólo consumían calzado, ya que su distracción consistía en pasear lánguidamente por el paseo marítimo con la mirada perdida al frente, no fuera caso que nadie les insistiera en que comprasen alguna bagatela de la que no tenían ninguna necesidad de comprar.

Estuve largo rato observándolos pasar y catalogando a muchos de ellos. La típica pareja cincuentona que caminaba porqué les habían dicho que hacerlo era saludable. Algún que otro grupo de chicas adolescentes con sus bonitas caras desfiguradas por innumerables “pircings” en labios, orejas, cejas y nariz. Por cierto que algunos de estos últimos, más se asemejaban a otra cosa, con lo cual se me hacían un tanto desagradables a la vista. Naturalmente tenían que ir a la moda, por lo que el calzado tenía que ser como menos original, y que más original que unas sandalias de tacón alto. A ratos tenían que hacer retroceder la punta del pie a consecuencia del dolor que les ocasionaba entre los dedos por tener que soportar el continuo resbalar de éste hacia adelante. Hacían un pequeño alto en su camino de manera muy natural; un pequeño gesto inclinando el tacón hacia atrás para que se les colocara de nuevo el pie en su lugar y a unos cuantos metros repetían la acción con el otro. Comprendí que para lucir hay que sufrir, aunque no encontré motivo para ello ante la ausencia de presas a las que cazar.

Un perro minusválido me sacó de repente de mis observaciones. Paseaba con su dueña con las patas traseras apoyadas en un carrito mientras caminaba con las delanteras. Pensé en lo privilegiado que había sido aquel animal en su adopción.

Una madre anoréxica con pantalones azules muy chillones y ajustados caminaba aprisa empujando un cochecito con un bebé que no paraba de chillar y al que hacía caso omiso.

Un hombre andaba lentamente mientras hablaba por teléfono lamentándose a alguien de que no podría pagar la hipoteca porqué ninguno de los inquilinos de sus varios apartamentos le había satisfecho la mensualidad. Tengo que reconocer que no me inspiró ninguna lástima.

A unos metros de distancia, había unos pequeños tenderetes cuyos dueños pretendían vender sus productos a los inexistentes clientes. Una chica de color no paraba de hacer trencitas en el pelo de su hija como reclamo. Un tatuador de tatuajes temporales con cara de delincuente pasaba de todo cantando a plena voz el “Mirando al mar” de Jorge Sepúlveda para evitar los bostezos, un confeccionador de pendientes y collares de cuentas coloreadas se desperezaba descaradamente y encendía un cigarrillo tras otro ante su nula clientela, una vendedora de tarros de miel conversaba con una caricaturista mientras iban pasando los minutos sin que nadie reparara en ellos o al menos sin mostrar ningún interés por todo lo que ofrecían. Cuadros de arena, cinturones de piel, postales hechas a mano, pareos chillones y un sinfín de inutilidades sin poder vender.

Con todo, llego la hora de la cena. Mi estómago me la reclamaba, así que me decidí por uno de mis restaurantes favoritos. Cuando crucé la calle, me llamó la atención la cantidad de coches de alta gama que habían circulando y supuse que todos aquellos conductores con sus respectivos pasajeros iban a hacer lo mismo que yo, pero…dónde? Pensé que igual cenarían encerrados en sus casas para así ahorrar y poder pagar los créditos de aquellos lujosos automóviles. Los innumerables restaurantes que saltaban a la vista estaban desérticos al igual que al que yo me estaba dirigiendo.

Me senté en la terraza porqué en el interior estaba prohibido fumar, aunque pensé que no era necesario, ya que no podía envenenar a nadie porqué como todo lo demás, estaba vacío de comensales.

Mientras pensaba con cierta añoranza en como había degenerado aquel entorno que había estado tan multitudinario y lleno de bullicio, me comí un rape pescado del día con una salsa marinera excelente, acompañado de unas almejas de Carril y unas gambas de Palamós. Lo regué con un vino blanco Chardonnay del Penedés Pere Ventura fresquísimo y para colofón me comí unas fresitas de bosque con crema catalana anegada.

Maldita crisis…