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La presidenta del rellano.
(1)intelligentsia o, en caracteres castellanos, inteliguentsia (del Latín intelligentia) es una clase social compuesta por personas involucradas en complejas actividades mentales y creativas orientadas al desarrollo y la diseminación de la cultura, incluyendo intelectuales y grupos sociales cercanos a ellos. El término ha sido tomado del ruso интеллигенция (transliterado como intellig(u)éntsiya), o bien del polaco. Los dos, a su vez, derivaron de la palabra francesa intelligence. Al comienzo, el término se aplicó en el contexto de Polonia, Rusia y más tarde, la Unión Soviética, y tuvo un significado más estrecho basado en la autodefinición de una cierta categoría de intelectuales.
martes, 1 de junio de 2010
Como una gota
una pequeña gota transparente,
clara y limpia,
inocente y pura.
Que se desliza por encima,
de una rosa tras otra.
Por un rosal inacabable, pero con fin,
que perdura en nuestra memoria.
Encima de una rosa,
con sus suaves pétalos,
aterciopelados, amorosos, olorosos…
Como los buenos momentos de la vida.
Cálidos, tiernos, inolvidables,
aquellos imposibles de arrancar de nuestra memoria.
Por su tallo rudo y espinoso,
cicatrizante y doloroso,
como los malos momentos de la vida.
Solitarios, duros, cicatrizantes,
aquellos que tenemos que sacar,
sacar de nuestra mente para ser,
o al menos intentar
ser felices.
Y que al acabar de deslizarse,
llega al final del camino,
entregándose al suelo,
a la tierra húmeda.
Con la tranquilidad de haber podido recorrer
ese rosal con paciencia,
con la tranquilidad de haber sido
o al menos intentar
ser felices.
Me quedo con el recorrido
de sus pétalos,
aterciopelados, amorosos y olorosos,
cálidos, tiernos, inolvidables.
Aquellos buenos momentos vividos
y por vivir.
Esas pequeñas risas
Contagiosas, pegajosas, perdurables en tu interior.
Esas pequeñas risas,
inocentes, sin maldad, provocadoras,
que nunca marchan de tu mente,
cuando ya las has oído tan solo una vez.
¿Acaso no has oído esas pequeñas risas?
Simpáticas, acariciadoras de corazones.
Esas pequeñas risas,
que crecen con el tiempo,
pero que al oírlas,
suenan igual que antaño.
¿Acaso no has oído esas pequeñas risas?
Esas imposibles de olvidar.
Cuando ya las has oído tan solo una vez.
Esas risas pequeñas infantiles,
puras, faltadas de maldad, sinceras,
penetrantes en nuestro ser.
¿Acaso no has oído esas pequeñas risas?
¿Nunca?, ¿no las has oído ni escuchado?
¿No sabes ni como suenan?
¿A caso has olvidado tus propias risas de tiempos lejanos?
Entonces no sabes como muchos sabemos,
lo que es la felicidad.
SUELE PASAR
Marisa estaba nerviosa, o salía ya de casa o de nuevo llegaba tarde a trabajar. Había buscado en su bolso por tercera vez, en los bolsillos de su chaqueta y en los pantalones sin ningún éxito.
Mientras miraba en los cajones del mueble de la entrada seguía gritando.
-¡Os tengo dicho que no cojáis mis cosas!¡Y si cogéis algo no os cuesta nada volver a dejarlo en su sitio! ¡Sois unos desastres!
Esta vez Marisa miró dentro de la nevera por si la despistada hubiese sido ella y las hubiera dejado allí junto con la compra de la carnicería. Tampoco estaban.
-¡Voy a llegar tarde por vuestra culpa!¡Qué sea la última vez que me cojáis nada! ¿Y qué hacéis ahí parados? ¡Venga! ¡Poneros a buscar!
Miró bajo de los sofás, en su habitación, en el baño. No las encontró. Se llevó las manos a la cabeza como gesto de desesperación y se notó algo en la mano. Miró disimuladamente. No dijo nada, tan solo pensó "Ups".
-Bueno, ya. Nos vemos por la noche. Tú pórtate bien y haz los deberes. Y tú, en la nevera hay pechuga por si quieres hacerla para cenar. Hasta luego.
sábado, 29 de mayo de 2010
AHORA, TODO EN ORDEN
Paz se despertó inquieta. No podía dormir, sentía que aún tenía muchas cosas pendientes por hacer y no podía dejarlas a medias. Se miró en el espejo y se vio mayor, no lograba recordar si en algún momento de su larga vida había sido joven. Su largo pelo blanco caía sobre sus hombros rizándose en las puntas dándole un aspecto desenfadado a pesar de su estricto carácter. Su pequeño cuerpo se hacía aún más pequeño dentro de aquel camisón de algodón ya amarillento por los años.
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Bajó al salón, decorado con muebles anticuados pero en perfecto estado a pesar del paso del tiempo. Sobre los reposabrazos de los sillones y el sofá de escay había rigurosamente alineados unos tapetes de bolillo que ella mismo elaboraba cuando sus manos y su vista aún se lo permitían. En uno de los sillones, su marido se había dejado el libro que estaba devorando en esos días. Paz cogió el libro y se sentó a ojearlo unos instantes, aunque en realidad nada de lo que leía tenía sentido para ella. Lo que realmente deseaba hacer era colocarlo en su sitio, sobre la mesita auxiliar también adornada con un tapete artesanal.
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Tras ver que todo estaba en orden, Paz se dirigió a la cocina. Julio César la recibió con un sonoro bufido. No importaba, a Paz nunca le gustó ese estúpido gato. Julio César salió erizado de la cocina y Paz volvió a quedarse sola. La cocina era pequeña. Echó un vistazo a los fogones, estaban muy usados, habían pensando en cambiarlos y poner una cocina más moderna, de esas que no necesitan las pesadas bombonas de butano para funcionar. Ni ella ni su marido tenían ya las fuerzas para moverlas. Había un vaso usado en la mesa, Paz lo cogió, lo fregó, lo secó y lo colocó en su sitio. Todo estaba bien, no había nada fuera de lugar. Incluso la pequeña lista de la compra, que estaba sujeta en la nevera por un imán recuerdo de Mallorca, estaba totalmente alineada con los ángulos de la nevera.
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Paz fue hacia las encaramadas escaleras, el granito se veía gastado por el centro de los escalones, eran muchos años viviendo allí. Solo pensar en subir a Paz se le resentían las rodillas. Increíblemente no le costó mucho esfuerzo llegar hasta arriba.
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Volvió a su habitación. Ella y su marido dormían en camas separadas, aunque la decisión de hacerlo nunca les mejoró el dolor de espalda a ninguno de los dos. Se acercó a su marido que dormía plácidamente, le arregló un poco la sábana para cubrirlo mejor y le dio un beso con los ojos.
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Paz decidió volver a su cama y yacer de nuevo en su cuerpo inerte.
jueves, 20 de mayo de 2010
ANIMALITOS
ANIMALITOS
Los amantes que estaban bañándose a la luz de la luna profirieron alaridos que se perdieron en la inmensidad del mar. Sólo unos segundos antes de morir supieron que la masa gelatinosa con tentáculos que los envolvía era una fragata portuguesa (*).
(*) El que piense que una fragata portuguesa es una embarcación militar, va errado.
PRESENCIA
El ruido de las olas del mar ,aquella noche ,quedó clavado en mi piel mojada .Estabas escribiendo algo en la arena cuando me dormí .Al despertar te habías ido para siempre. Corrí ,corrí y te llamé pero fue en vano.
Tendré que volver para leerlo, porque aquello que escribiste aquel agosto no hay olas en el mar capaces de borrarlo.
El ruido de las olas del mar ,aquella noche ,quedó clavado en mi piel mojada. Fueron tus pisadas las últimas pisadas .Tendré que volver a contemplarlas porque no hay viento lo suficientemente fuerte ni oleaje para borrar las marcas que dejaste en la arena mojada.
Cuando cayó la noche caí dentro del sueño más profundo y escuchando la música de tu guitarra se me erizó el espíritu mientras caían de tu cuerpo cálido granos de arena húmeda ,restos de palabras ,sonrisas y miradas.
Las rosas que tiré esta mañana al círculo creciente de las olas representan cada uno de los besos escondidos de aquella noche de verano. Rosas dormidas en el agua, navegantes fugaces del tiempo de un amor perdido pero no olvidado.
miércoles, 19 de mayo de 2010
martes, 18 de mayo de 2010
LA ÚLTIMA APNEA
LA ÚLTIMA APNEA
El sol brillaba con todo su esplendor a pesar de los nubarrones que rondaban por mi cabeza. La decisión estaba tomada.
Estaba decidido a enfrentarme con aquel último reto mientras me fumaba mi último cigarrillo, sentado en el tubo de babor de mi neumática, observando el horizonte. Cuando lo creí oportuno, lo tiré al agua egoístamente despectivo sin dudarlo dos veces.
Me sumergí en aquel mar azul turquesa provisto de sendas aletas, una gafas de buceo, el indicador de profundidad de muñeca, una pequeña linterna submarina y mi cinturón de plomos ajustado a la cintura y asegurado con una cadenita en el tobillo y un candado cuya llave tiré antes por la borda para evitar tentaciones. Sólo un pensamiento de liberación total me empujaba hasta la tan ansiada meta.
El agua estaba tibia.
El agua estaba limpia y mis pulmones a rebosar. Me sentía fuerte y animado. Un banco de pequeños peces me distrajo por un momento. Seguir…seguir…
A pesar de la profundidad y la desaparición de los rayos del sol, aun se podían distinguir las diferentes tonalidades de azules que delimitaban los cambios de temperatura. Mi decisión seguía siendo la misma y ya no necesitaba el esfuerzo de mis aletas para continuar hundiéndome. El agua ahora estaba fría.
Ahora estaba un poco más preocupado. La velocidad de descenso era mucho más rápida de lo previsto y la necesidad de compensar la presión en mis oídos más apremiante. No quería que los tímpanos me explotasen a destiempo con la consabida pérdida del sentido del equilibrio y la orientación. Necesitaba estar consciente mientras mis pulmones aguantasen. Soplé con fuerza por la nariz mientras con los dedos pulgar e índice impedía la salida del aire. La presión volvió a su normalidad.
Los colores desaparecieron para dar lugar a una visión muy escasa. El gris oscuro empezaba a hacer mella en mí. Por un momento estuve tentado de regresar, puesto que en mi cabeza había el mismo color que el del oscuro abismo. El pecho me empezó a arder a pesar el frío reinante.
El gran azul. Todo azul… que bonito... Volvía a estar bien conmigo mismo y con mi entorno. Ya no importaba lo que quedaba atrás. Todo volvía a estar en su sitio. Aun era consciente de que aquella sensación agradable era producto de la narcosis de la profundidad. Ya me había sucedido anteriormente. Nada alarmante.
Aun seguían las tonalidades azules oscuros y a pesar de que seguía estando eufórico, por un momento llegó el primer aviso de presión en el pecho en forma de punzada dolorosa. Tenía el cuerpo helado pero debía seguir inevitablemente…
Sólo la negrura con algún destello distraen un dolor cada vez más hiriente. La realidad se distorsiona. Ya no necesito las aletas ni la cuerda del ancla…La cuerda del ancla que conscientemente no eché… Me estoy confundiendo.
Ya no hay vuelta atrás. Sólo importa el final del trayecto. Si no fuera por la linterna, ni siquiera vería lo que indica el profundímetro. Me siento como un globo a punto de estallar. Las 90 atmósferas de presión hacen que mis gafas de buceo se me claven en el rostro como una cuchilla. Compenso de nuevo por la nariz con gran esfuerzo para nivelar la presión.
Mi boca se abre de forma involuntaria y deja escapar las últimas reservas de aire. El descenso se acelera y mis pensamientos dejan de ser coherentes. Mi cuerpo deja de funcionar debido a la baja temperatura pero no quiero arrepentirme de no haber usado traje de neopreno. La hipotermia está llegando a mi cerebro.
La pérdida de la realidad es total como la ausencia de color. El negro lo invade todo, tanto en el exterior como en mi interior.
¿Por qué he mirado la profundidad si no importa? Las gafas se me clavan como agujas. Haciendo un esfuerzo sobrehumano, consigo quitármelas a pesar de mi falta de tacto. El intenso frío casi me impide moverme. Ya no son necesarias y la linterna tampoco. Es increíble que mi cerebro siga trabajando en estas circunstancias. ¿Esfuerzo reflejo de supervivencia quizá?
Aspiro agua y empiezo a convulsionarme.
He tocado fondo y sin verlo he levantado una nube de polvo. Ahora todo está en su lugar.
Veo un pequeño resplandor. Que raro, un haz de luz que me atrae, que me obliga a seguirlo. No siento nada, sólo la imperiosa necesidad de seguir el destello. Se que debo ir en su dirección. En aquella dirección.
Que curioso…ha vuelto la luz y con ella la imagen que dejo atrás. Que extraño ver mi cuerpo inerte en esta forma tan grotesca. Me dan ganas de reír.
Sigo el resplandor. Todo está bien…
ENCUENTRO FUGAZ II
PROTEJA SUS ÁRBOLES FRUTALES
Para conseguir que su fruta no quede dañada por la indeseable mosca de la fruta y otros bichejos no gratos, solo hay que seguir estas sencillas instrucciones:
8º- Puede usted comer la fruta, una vez madura, sin riesgo a encontrar un inquilino invertebrado en ella.
