
El suelo temblaba, normal en el planeta FISTRUM, parecía gelatina.
Pensé que para ser mi última misión intergaláctica, no hubiera estado mal acabarla bien. Sin muertes, sin sangre, sin necesidad de escuchar una y otra vez aquella voz que decía: -Toro, torito toro…-.
Detrás de mi dejaba un rastro de sangre, microcircuitos, y elementos de robots varios, los cuales no sabían que eran las leyes de la robótica…seguramente sus creadores se rieron de los terrícolas durante mucho tiempo.
Ahora ya no reirían más, los acababa de eliminar a todos, no quisieron entrar en razones.
Y yo, ya me podía olvidar de su voz.



