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Por parte de la intelligentsia (1) del blog, se comunica que los comentarios off-topic (fuera de tema), las faltas de respeto y los versos ripiosos serán eliminados por no atenerse a las normas de respeto de la comunidad.

La presidenta del rellano.

(1)intelligentsia o, en caracteres castellanos, inteliguentsia (del Latín intelligentia) es una clase social compuesta por personas involucradas en complejas actividades mentales y creativas orientadas al desarrollo y la diseminación de la cultura, incluyendo intelectuales y grupos sociales cercanos a ellos. El término ha sido tomado del ruso интеллигенция (transliterado como intellig(u)éntsiya), o bien del polaco. Los dos, a su vez, derivaron de la palabra francesa intelligence. Al comienzo, el término se aplicó en el contexto de Polonia, Rusia y más tarde, la Unión Soviética, y tuvo un significado más estrecho basado en la autodefinición de una cierta categoría de intelectuales.

martes, 18 de mayo de 2010

EL PEDO



Esta mañana temprano
Me ha dado la impresión
Que un estruendo salía
Disparado por mi ano.


Perpleja me he quedado
Cuando ya con ilusión
He corrido hacia el lavabo
Y me he bajado el pantalón.


Cuando hay visitas es tímido
Estando sola es respondón,
Pero el de recién levantada
Ese apesta mogollón.

lunes, 17 de mayo de 2010

NO CONSIGO OLVIDARLA

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Confieso que me ruboricé. Sentí vergüenza de mi mismo. Después de tres años, cinco meses y tres semanas sin ella logré convencerme a mi mismo de que la había olvidado para siempre.
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Estaba delante de ella, a menos de un paso. Su presencia me inquietaba tanto que mi cuerpo se me quedaba pequeño, no sabía si darme la vuelta o acercarme más a ella. Con seguridad, la primera opción hubiera sido la correcta.
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Soy débil, no pude resistirme a ella. La acerqué más a mi, hasta que pude robarle su intenso y embriagador aroma. Aquel familiar olor hizo que me olvidara de todo lo malo que estaba pasando. De todo lo malo, pero también de todo lo bueno. Me absorbió, solo estaba para ella, en ese momento nada ni nadie hubiera captado mi atención, nada ni nadie.
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La acerqué a mis labios y sentí como las lágrimas de mi inconsciente se hacían visibles en mis ojos. Soy un perdedor, no pude resistirme, soy un fracasado. Su cálido sabor me quemó los labios, me quemó la boca, me quemó a mi mismo y me dejó reducido a cenizas.
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No sé por que lo hice, o quizá sí. Sólo espero que ahora tú no me dejes tirado, aunque me duela pedírtelo. Sé que te he hecho daño y prometí que nunca más lo haría. Todos estos años no han servido para nada. Lo siento, lo siento, lo siento. No sé que más decir.

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http://www.alcoholicos-anonimos.org/v_portal/apartados/apartado.asp

LA LLUVIA


La lluvia está salpicando con una fuerza extraordinaria el vidrio de la ventana del comedor, atizándolo de mala manera con ansias de romperlo . Hacía mucho tiempo que no llovía como hoy , tan fuerte, con tantas ganas .El desagüe del patio no da abasto y lo oigo engullir desconsolado desde hace más de una hora .Gloc,gloc,gloc…parece que se va a ahogar .Me da la sensación que dentro de poco rato como siga lloviendo con tanta fuerza el patio empezará a inundarse y el desagüe se perderá en el fondo… agonizante , callando para siempre.

sábado, 15 de mayo de 2010

TAZIDAT Y MAGEK



Llegamos de noche, el 14 de Septiembre.La oscuridad profunda y absoluta del desierto nos sumió en una gran tranquilidad a mi marido Ilker y a mí cuando por fin dejamos las mochilas en el campamento. Nos recibió Tazidat, una joven alta y delgada de unos dieciséis años.Nos acompañó a nuestra jaima,construida entre otras cosas de pelo de camello, sujeta con palos de madera y cuerda de cáñamo. Estuvimos hablando con nuestra anfitriona en Tamasheq,el idioma de los tuareg que Ilker conoce perfectamente y me iba traduciendo.Después de dos intensas horas de conversación nos acostamos en el suelo encima de nuestros sacos de dormir.Cerré los ojos y me sumí en un profundo sueño, respirando los aires del Sahara occidental.
Al día siguiente el amanecer nos trajo la visión de un enorme terreno baldío,inerte,seco y muerto que albergaba unas 15 jaimas aproximadamente, colocadas de manera que se encaraban las unas con las otras, formando como un pequeño pueblecito .Calculamos que en el poblado había unas 6 familias, y que en total al igual serían unas 50 personas.
os, según su resistencia. a cáñamo, natural.
El sol empezó a salir entre las dunas de la región de Ghat donde nos encontrábamos.Eran aproximadamente las seis de la mañana cuando unos cuantos hombres ,jóvenes y viejos, salían de sus casas esperando un buen día de caza.Las mujeres acababan de recoger la leche de los camellos para desayunar.Leche que tomaban recién ordeñada niños y mayores como único sustento matinal.
Los niños más pequeños junto a algunos jóvenes varones se disponían a asistir a la escuela improvisada en una de las jaimas más grandes .La maestra era una joven francesa, que hacía unos años que estaba con los tuareg.En un principio debía quedarse solamente unos días pero se encariñó con los niños y mediante nuestra ONG y el consentimiento de los tuareg se había quedado temporalmente con ellos, siguiéndoles a todas partes, ayudándolos a salir de su analfabetismo. Estuvo casi todo el primer año para aprender el idioma, y dos años más tarde era ella la que enseñaba a los niños a escribir el alfabeto tifinagh, que los tuareg usan para transcribir su idioma.Monique nos explicó que este alfabeto proviene del alfabeto líbico, y que no lo usan para textos largos sino para frases cortas, epitafios, para decorar alfombras,para escribir notas simples en definitiva.Casualmente varias de las mujeres del poblado dominaban esta escritura, pero en cambio eran pocos los hombres que tenían conocimiento de la misma.Y ahí era donde entraba el trabajo de Monique.
Monique vestía una malefa azul y estaba sentada al lado de un perro negro lleno de pulgas y con clapas sin pelo. Todos los niños se sentaron a su alrededor y empezaron a contar del uno al veinte, luego a sumar, luego a escribir en la arena los símbolos del abecedario.Nos quedamos un rato allí con ellos, y entre sus risas intentábamos escribir aquellos símbolos sin apenas conseguirlo.Ilker y yo tendríamos que tomar más clases particulares.Especialmente yo, que no tenía idea del idioma.Al menos Ilker ya lo sabía hablar pues jugaba con la ventaja de haber estado con ellos en varias ocasiones durante los diez años precedentes a nuestra visita en común.
Llegó la hora de comer y lo hicimos con la familia de Tazidat, que nos ofreció su comida con una gran sonrisa en la cara.Antes de sentarme encima de una alfombra que reposaba en el suelo de la jaima de nuestros anfitriones del día, pregunté a Monique donde podía lavarme las manos, y con media sonrisa me dijo que usara la leche del camello.El agua era muy escasa y había temporadas en la que ni tenían .Podían estar meses bebiendo solamente leche y sin probar el agua.Y en consecuencia ,largo tiempo sin lavarse.
Durante las comidas, los hombres tradicionalmente comían antes que las mujeres y los niños, pero conmigo hicieron una excepción y lo hicimos todos juntos.La comida no nos pareció muy apetecible, pero la agradecimos.Consistió en carne seca hervida en leche y mantequilla. Como no había cubiertos lo tomamos directamente con las manos.Una vez finalizada la carne,los tuareg , Monique y mi marido se bebieron el caldo.Allí yo ya dije que no tenía más hambre y se miraron unos a otros con una sonrisa picarona,sabiendo que no me había gustado mucho la comida.Pero la verdad es que me acostumbré, y a los dos días hasta la encontraba apetitosa.
Entrada la tarde nos encontramos de nuevo con Tazidat, que estaba tocando un imzad y recitando poemas.Me pareció un instrumento muy peculiar.Era redondo y tenía una sola cuerda, y lo fabricaban ellas mismas con madera y cubierto de piel de animal.La finalidad de estos cantos y poemas era un ensayo general a una boda que se aproximaba.Su boda.
Dentro de pocos días se casaba con Magek, quince años mayor que ella.Su mano había sido pedida según manda la tradición: El primo del novio se presentó delante del padre de la novia hacía una semana y ya se había establecido la dote: dos camellos, diez cabras y cuatro vacas entre otras cosas.La boda sería a los diez días de la petición, por lo que en un par de días asistiríamos a nuestra primera ceremonia tuareg.
Dos días después de nuestra llegada, y en cuestión de cuatro horas, el campamento quedó desmontado completamente y cargado encima de los camellos.Teníamos que caminar unos kilómetros hacia el norte para encontrarnos con el novio .La boda era muy importante pero no solamente por el hecho de que dos personas se unirían en matrimonio, sino también por el reencuentro entre familiares y amigos que normalmente se movían por parajes lejanos.
Transcurridas unas horas llegamos al sitio elegido para el encuentro.Esta vez el terreno no era tan árido, ya que nos encontramos con una zona en la que había hierba para que los camellos pudieran comer.También había un pequeño pozo que ellos mismos habían construido con anterioridad.No os podéis imaginar la ilusión que nos hizo el hecho de poder lavarnos un poco las manos y la cara.
Montamos de nuevo el campamento.Nunca me había cansado tanto en un día y creo que cuando pillé asiento me quedé dormida más de lo que hubiera deseado.Cuando desperté me dijeron que aproximadamente a 500 metros de donde estábamos nosotros ya había acampado el novio con sus camaradas.Ilker y yo nos dirigimos allí con nuestras cámaras y nos recibieron muy contentos.Los amigos de Magek lo estaban vistiendo con velos azules y su primo le armaba con su takuba,una especie de espada, estando así ya dispuesto para recibir en un par de horas a los invitados que irían llegando.
Estubimos allí con ellos, cantando y bailando durante tres horas.A lo lejos divisamos varios camellos y en sus lomos, gente vestida de gala para la ocasión.Fue entonces cuando el novio y sus invitados y amigos se dirigieron hacia el campamento de la novia, siendo recibidos con ovaciones, canciones y poemas de bienvenida.Algunas mujeres tocaban los tambores,otras el imzad y los invitados giraban a su alrededor encima de los camellos,al son de la música.Fue muy bonito ver el contraste de la arena con los colores de sus vestimentas y aquellos elegantes movimientos.Ilker aprovechó para tirar unas fotos y yo para aprender sus danzas.
La fiesta duró ocho días,y durante este tiempo,algunos hombres ayudaron al novio a construir la tienda que sería a partir de entonces su hogar.Por tradición era el novio el que se iba a vivir al campamento de su futura esposa, y así lo decidieron.
El último día de la fiesta, y también nuestro último día entre nuestros nuevos amigos, fue para mí el mejor.La caza de los dos últimos días había ido muy bien y comeríamos en abundancia.Por la mañana, después del desayuno, y aún con las mismas ropas de hacía siete días, se legalizó el matrimonio y la entrega de la dote.Tras la cerimonia se recitaron unos versos del Corán.La pareja ya podía ir a su tienda, donde él ocuparía la zona oriental y ella la occidental, tal y como manda la tradición tuareg.
Ilker y yo vivimos unos días que nunca olvidaremos.Al día siguiente de la boda nos íbamos, no sin antes recibir una serie de regalos hechos por ellos mismos: Alfombras, bolsas y algunos collares.La nueva pareja nos regaló una alfombra que siempre guardaré con mucho cariño.Después de un cálido abrazo recibí el mejor regalo.Tazidat me dio su imzad favorito, uno que había hecho su madre cuando ella era pequeña.Durante la despedida cantamos y bailamos, pero cuando cogimos nuestras mochilas para irnos no pude contener las lágrimas.
Hoy sentada en el sofá de mi cálido hogar cierro los ojos y parece que aún huelo el desierto del Sáhara y oigo el cantar de los tuareg.Haber vivido con ellos unos días ha sido una experiencia maravillosa.Me ha ayudado a valorar más las cosas que tengo y a vivir el día a día de otra manera que no vivía antes.Ilker , yo y otros miembros de nuestra ONG estamos preparando una segunda visita juntos para el año que viene.Esperamos conseguir el propósito de poder llevar con nosotros un precioso regalo: diez camellos hembras para nuestros amigos tuareg.

LOCALISTAS Y...



La lluvia en Barcelona despierta siempre la mona.



La lluvia en Hospitalet llega después de un pet.
(pet=pedo)



La lluvia en Granada viene y va como si nada.

viernes, 7 de mayo de 2010

Una nueva experiencia


ADVERTENCIA: Este relato puede herir sensibilidades por su alto contenido en sexo explícito. No apto para menores de 25 años.


Una nueva experiencia

Ante la monotonía del sexo corriente, decidieron exponer de mutuo acuerdo sus fantasías por cumplir, para que así sus relaciones futuras pudieran seguir a buen término y no caer en la rutina y el aburrimiento.
La conversación había transcurrido por cauces bastantes normales, hasta que le tocó hablar a ella. Él por su parte, aunque indeciso, aceptó escucharla hasta el final sin poner objeciones.

-. Siempre dijiste que querrías poner en práctica todo cuanto me apeteciera. Que mis fantasías serían las tuyas y que nos apoyaríamos. Nunca me he negado en complacerte en todo cuanto me has pedido, pero creo que ahora me toca a mí sentirme sexualmente realizada. Además, sólo has de dejarte llevar. Estoy segura de que acabará gustándote.

-. Pero ya sabes que a mi el dolor no me va. No soy ningún masoquista – (objetó él indeciso)

-. Te doy mi palabra de que no te haré daño. Al menos déjame intentarlo. En el momento en que me lo digas estoy dispuesta a dejarlo.

Al final, él asintió con una sonrisa de complicidad. El siguiente paso fue ponerlo en práctica.

Inmovilizado por las muñecas a cada lado del dosel de la cama, se mostró completamente pasivo cuando ella le levantó la pierna derecha hasta situarla a la altura de la mano y procedió a atársela. Luego hizo lo mismo con la izquierda quedando en una postura humillante y completamente a su merced. La plena visión de aquel ano predispuesto a sus caprichos, no hizo más que aumentar sus deseos.
El siguiente paso fue coger un tubo de glicerina y depositar parte de su contenido en el recto de su servil pareja. Luego se embadurnó la mano con el mismo producto y empezó a practicarle un suave y placentero masaje, al tiempo que introducía lentamente su dedo índice en el interior de aquel lubricado esfínter. Al notar la penetración, él profirió un débil suspiro aunque se abstuvo de pronunciar palabra alguna. De hecho aquella práctica empezó a gustarle más de lo esperado. Ella, por su parte empezó un mete y saca hasta que el agujero estuvo lo suficientemente dilatado como para que pudiera introducir también el dedo mayor, haciendo lo mismo y rotándolos al mismo tiempo, mientras que con la mano izquierda le agarraba su erguido pene. Estaba claro que su pareja se sentía excitado por todo aquello, aunque ella pensó que lo mejor estaba por venir, con lo cual la excitación era compartida.
Al índice y mayor se les sumó el anular sin dificultad alguna y al cabo de un rato también el meñique. Se sintió aliviada cuando él le dijo que podía apretar un poco más. Estaba claro que aquella práctica le ocasionaba un placer que no había experimentado hasta ahora.
Los movimientos se hicieron cada vez más rápidos al igual que los jadeos. Ella se dio cuenta de que él estaba apunto de eyacular, por lo que dejó de masajearle el pene. No podía permitir que tuviera un orgasmo antes de tiempo, pues aún había mucho quehacer por delante. En cambio empezó a acariciarse a ella misma con la mano libre. Sus flujos vaginales no tardaron a aparecer en abundancia.
Hizo un alto en su proceder para depositar más producto lubricante en aquel dilatado esfínter y mientras volvía a su excitado clítoris, empezó a ejercer presión con los cinco dedos de la mano hasta que estos se hundieron sin dificultad justo a la altura de los nudillos, provocando un lastimero quejido por parte de él que evidenció una mezcla de dolor y placer. Volvió de nuevo al mete y saca con más presión y también las caricias constantes en su vagina. La excitación de ella estaba ocasionando una fuerza tal, que los nudillos desaparecieron de la vista. Una expresión de dolor se hizo patente en el rostro del sumiso a la par que su antes erguido miembro viril, se transformaba en una flácida réplica de lo que había sido. En un momento dado le suplicó que lo dejara pues se le hacía insoportable, sin embargo ella desoyó su ruego mientras seguía y seguía empujando su mano, la cual se introducía cada vez más profundamente en aquel atormentado recto.
En el preciso instante que las rítmicas caricias en su sexo le ocasionaban un fuerte e inesperado orgasmo, casi de manera involuntaria ejerció tanta fuerza, que su mano derecha se introdujo hasta la muñeca, mientras el desdichado propietario de aquel destrozado ano profería un alarido de dolor.
Fue entonces cuando ella admiró su obra con ojos entreabiertos, jadeante aún por el clímax alcanzado y su rostro bañado en sudor. Sonrió maquiavélicamente ante la vista de su mano introducida por completo en el esfínter de su desdichado compañero, el cual seguía profiriendo lastimosos quejidos de dolor, a la vez que le suplicaba que le liberara de una vez por todas de aquella dolorosa tortura. Por fin empezó a retirar lentamente la mano del desmesurado orificio que justo unos segundos antes había perdido su estado virginal, no sin cierta dificultad. Cuando se retiraron los nudillos, otro grito de dolor invadió la estancia, más sólo fue un instante que dio paso a un deseado alivio plasmado en aquel rostro desencajado pero más sereno. Fue al cabo de unos momentos, cuando ya se sentía más relajado que exclamó autoritariamente y visiblemente enojado.

-. Desátame. El juego ha terminado.

Sin embargo ella reaccionó de un modo muy distinto al esperado, cosa que le aterrorizó viéndose incapaz de deshacerse de las ataduras que le mantenían en aquella grotesca postura.
Aún escitada y con apariencia diabólicamente lujuriosa, ella exclamó.

-. ¡No! Quiero hacerlo de nuevo con las dos manos. Deseo comprobar si caben.

martes, 4 de mayo de 2010

UN SER ESPECIAL



Estamos en un hotel de Salou recién levantados y con un hambre de caballo .Mi marido y mi hijo Andrés ya han bajado al comedor .Yo estoy acabando de arreglarme y he dejado a Miriam tumbada en la cama de matrimonio para atender unas necesidades imperiosas de ir al baño .Sentada en el retrete escucho a mi hija estornudar ,sin saber que el mismo impulso del estornudo la ha tumbado de cara a la almohada con la nariz y la boca tapadas. Un pequeño ruido de respiración dificultosa me hace levantar súbitamente y corro hacia la habitación, justo a tiempo para darle la vuelta a mi hija de diez años .La incorporo alarmada y ella me mira con sus ojos inexpresivos y con la boca abierta…como siempre. Menos mal que he llegado a tiempo, sino no quiero imaginarme en que se habría convertido su parálisis cerebral.
La visto y la cojo en brazos para ponerla en su silla de ruedas especial y nos dirigimos hacia el comedor.

Llegando a la puerta empiezan las miradas hacia Miriam. A veces me pregunto porqué la gente es tan fisgona y no puede evitar estas miradas y los susurros al oído al compañero mientras no pueden apartar la vista de mi hija.¿Acaso no han visto nunca un enfermo cerebral? Miriam les dedica otro de sus estornudos, esta vez con caída de mocos en picado. Al menos ahora han apartado la vista. Saco un pañuelo y la limpio mientras escucho los susurros de los comensales de la mesa de atrás.

Cuando llega la camarera fija la vista en la niña, y acto seguido sus ojos saltan de un lado a otro evitando la cara de Miriam. Nos comenta que la silla ocupa mucho sitio, que si nos importaría irnos al rincón del fondo. Mi marido salta con un “si nos importa” rotundo. No pensamos irnos a ningún lado. La silla no ocupa más que el espacio de una silla normal del comedor. Si lo que quieren es que nos pongamos en un rincón para que nadie vea a la niña lo tienen claro. No pensamos esconderla ni escondernos. Es nuestra hija, no un bicho raro. Mientras la camarera sigue la discusión con mi marido yo ya he desconectado y contemplo como Miriam tiene otro de sus ataques epilépticos incontrolables .Gira la cabeza hacia la derecha y saca la lengua, mueve brazos y piernas sin control pero a los dos minutos llega lo que para ella es la normalidad .Ojos ausentes, lengua salida ,brazos y piernas inertes. La camarera se va.

Al cabo de una hora nos hemos zampado una mariscada para chuparse los dedos, y a Miriam le hemos suministrado un jeringazo de Isosource para desayunar .Lástima que tenga el tubo de la sonda gástrica bien conectado, de lo contrario parte del líquido lechoso que se ha tomado habría ido esparcido por el suelo, dandonos el gusto de ver a la camarera limpiar tras nuestro paso.

Salimos a la calle a pasear, no sin toparnos con otra de las cosas que más rabia nos da. Un coche ocupa media acera, haciendo imposible el paso con la silla de ruedas. Educadamente le pedimos que aparte el vehículo y tras un par de minutos de intento como contestación recibimos un “Es solo un momento, ¿no puede usted bajar de la acera?” La madre que lo parió .No, si encima quiere tener la razón .Procedo a sacar las llaves de casa del bolso, y con cara de malos amigos le indico al conductor que voy a pasarlas por la magnífica pintura de su Audi A4 recién estrenado. Baja del coche amenazante cuando por suerte pasan una pareja de hombretones que se ponen de nuestra parte y el individuo procede a retirar el vehículo refunfuñando entre dientes.
Podría pasarme el día contando la desfachatez de mucha gente y de los cabreos constantes que pillamos mi marido y yo pero por suerte no todo el mundo es igual.


Durante el año Miriam pasa horas en un centro especial donde hay niños necesitados como ella .En el aparcamiento del centro se guardan las distancias entre los coches, nadie fija la mirada en los otros niños ni padres. Todos llevamos la misma distinción. La silla que nos precede, con un niño discapacitado. Nadie nos mira fijamente cuando entramos con nuestros hijos, ni cuando les damos de comer, ni cuando les cambiamos el pañal o secamos los mocos o llevamos manchas de sus babas en nuestras camisas. Es como entrar en otro mundo, aunque nos gustaría que una vez estamos en la calle se nos respetara igual. Todas las familias de Miriams de este mundo estaríamos muy agradecidas.

miércoles, 7 de abril de 2010

PETER NORTON Y LOS GEMELOS




Capítulo I

Peter Norton nos adoptó un sábado 15 de Diciembre a mi hermana y a mí.Teníamos cinco años.Él era un hombre de mediana edad, alto y delgado…de tez blanca y azulados ojos.Una criatura exótica y elegante, ingeniosa, mordaz, compasiva…con vocación de padre.
Nos recogió a las doce del mediodía.El camino hacia casa, aunque duró algo más de tres horas, se nos hizo muy corto.En el coche, con las ventanillas bajadas podíamos oler la tierra mojada de los bosques al pasar, y podíamos observar los picos más altos de las montañas espolvoreados por la nieve.Un paisaje maravilloso.
Llegamos a nuestra nueva casa hacia las tres y media de la tarde.Bajamos del coche correteando y nos dirigimos hacia la puerta .En cuanto la abrió vimos que la casa era muy grande, de aspecto académico, pues estaba atestada de libros de todas medidas y grosores.Tenía seis habitaciones, y nos tocó la más pequeña. Una habitación que estaba justo al lado de la cocina y que daba al patio trasero.Tenía una pequeña ventana por donde pasaban tímidamente los rayos del sol. En cada lado de la habitación había un colchón de lana, y en cada una de las dos paredes laterales, justo por encima del colchón y colgado en la pared, nuestro nombre en madera tallado a mano. No había nada más, pero lo agradecimos.Era mucho más de lo que habíamos tenido hasta entonces.

Capítulo II

El lunes a las ocho se fue y nos dejó solos, sin decir nada y sin despedirse. Asumimos que se iba a trabajar y que posiblemente no nos dijo nada al creernos dormidos.Teníamos el desayuno preparado y nos lo tomamos con mucho apetito hasta quedar saciados.Durante los diez minutos siguientes reinó en la casa un silencio sólo interrumpido por el cantar de algún pájaro y el ruido amortiguado de la gente que pasaba por la calle.
Estuvimos el resto del día solos.Jugamos en el patio con alguna pelota, y luego nos hechamos en la hierba a contemplar el cielo y los aviones pasar.
A través de las ventanas del comedor veíamos la gente andar y correr. Los niños iban con sus padres de la mano, con sus mochilas en la espalda camino de la escuela. Algunos caminando al lado de otros, todos corriendo y saltando de alegría … llenos de vida,llenos de juego. Nos sentimos tristes y nos preguntábamos porque nosotros estábamos encerrados en casa, solos. Mi hermana empezó a llorar y al rato, nos quedamos abrazados en mi cama, dándonos calor el uno al otro.
Cuando Peter llegó a las cuatro de la tarde lo recibimos emprendiendo una larga carrera por el pasillo y acabando en sus fuertes brazos, que nos acariciaban con el cariño que tanto necesitábamos. Traía unas galletas que merendamos con mucho gusto.
Después de todo nos acercaba al parque. Y así día tras día. Era el momento que más disfrutábamos. El momento más esperado.Nuestro momento de libertad y de movimiento.
Allí estábamos los tres ,juntos en nuestra salida diaria al parque,sentados en un viejo banco de mármol ,mordido y amarilleado por la lluvia y el tiempo.Cuando acabó de leer su periódico seguimos nuestro paseo caminando uno al lado de otro,siguiendo el mismo compás de sus pasos.Al rato nos pusimos a correr, rodeando todos los árboles del jardín sumidos en un divertido juego
El parque seguía tan inmenso como siempre y ambos sentimos el impulso irresistible de disfrutar los últimos rayos de sol de este día en libertad.

Capítulo III

Pasamos nuestra adolescencia entre la casa y el parque. Solo veíamos a nuestro padre, y a ratos jugábamos con los niños, pero enseguida nos llamaba cuando veía que nos alejábamos un poco.
Mi hermana y yo cada vez estábamos más unidos, y llegó un punto en el que nuestro amor pasó a ser más profundo. Una noche ambos estábamos sentados en el patio y empezamos a acariciarnos cuando la luna fue testimonio de nuestro amor.
Mi hermana quedó en estado y cuando padre notó su embarazo quedó recluida en casa sin poder salir.Durante un tiempo los paseos por el parque fueron aburridos y monótonos .Los árboles parecían estar tristes, la luz parecía más tenue y me daba la sensación que los pájaros callaban al oír mis pasos.
A los tres meses de nacer nuestros hijos se los llevó.
Siempre recordaré aquel miércoles, cuando padre cogió con sumo cuidado a los pequeños y regresó al cabo de unas horas…solo, dejándonos a mí y a mi hermana en una tremenda desesperación que él pareció ignorar.

Capítulo IV

Han pasado 7 años desde nuestra adopción y no hemos sabido nada de nuestros pequeños.
Padre sigue dejándonos solos todo el día, encerrados en casa con llave y nosotros seguimos recibiéndolo con alegría, y él nos abraza y nos besa, igual que hacía el primer día. Nos trae galletas, nos cuida, nos mima.
La vejez nos acompaña a mi hermana y a mí. Seguimos saliendo al patio cada noche, ladrando a la luz de la luna…cada vez más distante…cada vez más clara.

domingo, 21 de marzo de 2010

LA ESENCIA DE LOS NIÑOS MUERTOS


LA ESENCIA DE LOS NIÑOS MUERTOS


-. Abran la 313, por favor.

Así empezó su primer día de trabajo el recién llegado José Velasco al psiquiátrico de Santa Ursulina de la Paz. Era un recién licenciado con ansia de ganarse un renombre y nada más hojear los informes de los internos, decidió que aquel caso era lo suficientemente interesante como para dedicarle sus recientes conocimientos sobre la mente humana. Quizá hasta podría hacer los incuestionables méritos como para que sus superiores le tuvieran en cuenta de inmediato y subir en rápida ascensión a un puesto más notable que el de simple evaluador de enfermos mentales crónicos e incomunicados por su posible peligrosidad.
Nada más abrir la puerta, el hedor a heces y orina le obligó a mostrar un rostro de evidente repugnancia, sin embargo hizo de tripas corazón y entró decidido a ejercer su labor, puesto que ese era su trabajo y antes que nada deseaba mostrarse ante los demás como un auténtico profesional, cosa que en ningún momento pusieron en duda los dos enfermeros que le acompañaban custodiando su seguridad personal.
La paciente de la 313 era una mujer de mediana edad llamada Claudia Agramunt, diagnosticada de esquizofrenia paranoide en un grado muy elevado que estaba en un rincón de la celda acolchada y embutida en una camisa de fuerza. Tenía el pelo grasiento y pegado a un rostro que antaño quizá fuera hermoso. No era esta su apariencia actual. Sus ojeras parecían moratones y estaba muy delgada a causa de su negativa en comer, por lo que era alimentada a la fuerza y con métodos no demasiado ortodoxos. Estaba temblando de pies a cabeza y empapada en sudor a pesar de la excelente temperatura que reinaba en el ambiente. En cuanto le vio se puso a la defensiva intentando levantarse visiblemente asustada. Su estado mental no difería mucho de algunos otros reclusos, sin embargo había algo en ella que la hacía diferente. Aquella paciente en su pasado ejercía la psiquiatría y eso hacía que su historial fuera único. Ahondar en la mente de un colega hacía que al Dr. Velasco le interesase especialmente, no tanto para dar un paso en favor de la ciencia sino por conveniencia y ambición personal.
Claudia Agramunt perdió la razón de la noche a la mañana supuestamente tras haber valorado a otro paciente hacía cosa de un año en el mismo centro y tras cometer varios e irreparables destrozos en los archivos del hospital, fue recluida en el mismo y encerrada en aquella celda a causa de su manifiesta violencia. En el informe constaba que a pesar de los tranquilizantes y antidepresivos que le suministraban, jamás dormía.

-. ¿Qué tal estamos hoy, Claudia? - Le preguntó de forma que pareciese rutinaria y a la vez profesional.

Ésta, al oír sus palabras, pareció tranquilizarse y mientras su boca adquiría una forma de grotesca y maliciosa sonrisa, le miró directamente a los ojos y susurró:
-. Tú eres nuevo,… verdad?

En aquel preciso momento hubo una reacción de sorpresa por parte de uno de los fornidos enfermeros.

-. ¡Es increíble! Es la primera vez que esta paciente habla desde que la incomunicaron. Debería usted hablar con el director general – Exclamó.

El doctor Velasco no estaba dispuesto a que nadie le pisara los méritos, así que su reacción fue de lo más contundente.

-. De eso nada. Yo llevo este caso y por lo tanto me hago responsable de él. Hagan el favor de retirarse. Yo me hago cargo – Ordenó contundentemente el ambicioso doctor.

-. Pero…
-. He dicho que yo me hago cargo. Si les necesito ya les llamaré. Esperen fuera.

Los dos enfermeros abandonaron la celda a regañadientes dejándole sólo con aquella paciente catalogada de peligrosa. Fue entonces cuando Velasco, poniéndose en cuclillas, empezó a interrogar con verdadero interés a Claudia.

-. ¿Deseas hablar conmigo, Claudia?
-. ¿Acaso serviría de algo? – Contestó ella burlonamente.
-. Estoy aquí para ayudarte.
-. Tú no puedes ayudarme. No sabes nada.
-. ¿Y según tú, que debería saber?

El rostro de Claudia se ensombreció de súbito desapareciendo aquella burlona sonrisa. Daba la impresión de estar aterrada.

-. ¡Los niños! – Dijo con voz entrecortada
-. ¿Qué niños? – Preguntó un sorprendido Velasco.
-. Los niños…Su esencia no desaparece cuando mueren. Se queda y dominan la relación del espacio/tiempo. Son los dueños de lo real cuando la irracionalidad nos traiciona. Sus inexpertas mentes nos manipulan al menor descuido. Por eso hay que estar atento, de lo contrario estás perdido.
-. Los niños cuando mueren van al cielo…
-. ¡Estúpido y engreído medicucho! No sabes nada. ¿Acaso ignoras que el cielo y el infierno no existen? – Vociferó visiblemente alterada.
-. No existe nada después de la muerte, pero ellos no lo saben y su esencia persiste. No, no es nada relacionado con Dios ni con el alma. Pero tú no puedes entender eso. No lo has vivido – Prosiguió.
-. Y tú si – Afirmó mofándose Velasco.

La sonrisa maquiavélica volvió al rostro de la desquiciada Claudia. Sus ojos se clavaron como agujas en los del inexperto doctor, desafiantes al igual que su peculiar propuesta.

-. Pasa una noche entera aquí y lo podrás comprobar por ti mismo.

Y diciendo esto, se sumió de nuevo en el estado catatónico en que había estado antes de la reciente visita.

Si hasta el momento se había interesado por aquel caso, la conversación mantenida no hizo más que aumentar su curiosidad, por lo que decidió visitar al director general, no para hacerle ninguna consulta en particular, sino para obtener información y sacarle más partido a lo que tendría que ser un dictamen que lo catapultara en rápida ascensión de cara a su carrera y verdaderamente lo que consiguió fueron unos datos bastante interesantes para alcanzar dicha meta.
En la misma celda había estado recluida una paciente de lo más peculiar y a la par con un historial muy triste.
Era un raro caso de esquizofrenia que afectaba a una niña de siete años. La esquizofrenia por regla general nunca se manifestaba en personas menores. Aquel era un caso aparte y más teniendo en cuenta de que quién la atendía era la persona que ahora ocupaba aquella acolchada habitación para casos extremadamente violentos. Lo más curioso del caso, es que aquella niña muriera de muerte súbita mientras había estado siendo dictaminada por la doctora Agramunt. Si conseguía más información por boca de la paciente, seguro que conseguiría su propósito. Era un reto que no quería dejarse perder.

Bajo sus órdenes, los enfermeros colocaron una cama con arneses en la habitación y tras haber despojado de la camisa de fuerza a la paciente, procedieron a atarla con firmeza para que no hubiese ningún altercado durante el experimento que quería realizar el doctor Velasco. Claudia por su parte no hizo ningún manifiesto ni ademán de rechazo ante aquella práctica. Seguía ausente de toda realidad.
Antes de que oscureciera, Velasco intentó en vano que Claudia respondiera a todas sus preguntas, sin embargo al ir apagándose el día, con sorpresa, un murmullo salió de la boca de ella.

-. No cierres los ojos – Dijo con voz cantarina.

Las horas pasaron y la penumbra empezó a invadir la celda. Los ojos de Velasco se empezaron a acostumbrar a aquella oscuridad y al mutismo de la paciente, mientras tomaba notas con una grabadora sentado en un rincón y apoyando la espalda en la blanda pared. El cansancio de una jornada laboral completa empezó a hacer mella en su físico cuando de pronto le pareció percibir algo anormal dentro de lo que ya no respondía de por sí a la normalidad en aquel lugar, situación y en aquellas intempestivas horas. ¿Era su mente o tal vez un producto de su progresiva pesadez en los párpados? La cuestión era que efectivamente una especie de oscura bruma comenzó a materializarse a medida que, lenta pero inexorablemente, avanzaba hacia él. A escasa distancia la difusa imagen empezó a cobrar sentido y de la misma manera en que a veces distinguimos imágenes en las nubes, la forma cándida de unos niños se materializó ante sí. Eran extraños, con los cabellos cubriéndoles parte de un rostro desquiciado por algún desconocido dolor psíquico. Sus bocas estaban abiertas de par en par y sus ojos parecían vacíos. Sus diminutos y etéreos brazos se alargaban amenazantes hacia él como si quisieran abrazarle y Velasco, en un ataque de pánico y a modo de defensiva, se tapó los ojos con las manos para no visualizar el terror que sentía en aquellos momentos de angustia. El alarido se oyó en todo el corredor de las celdas y risas burlonas de los reclusos en estas le precedieron.


-. Abran la 313, por favor.

Lo primero que observó, fue el rostro invadido por el pánico del paciente José Velasco. Estaba sentado en un rincón de la habitación, atado con una camisa de fuerza. Babeaba y todo su cuerpo bañado en sudor frío se convulsionaba con espasmos y temblores.
Tras una breve inspección ocular, llegó a la conclusión de que el paciente empeoraba paulatinamente y así se lo hizo saber a sus enfermeros acompañantes.

-. El paciente no mejora. Si no duerme, al final se van a resentir sus órganos vitales. Lleva ya demasiado tiempo en esta situación. Por favor, tomen nota. A partir de hoy se le va a aumentar en 5 miligramos su ración de ansiolítico para ver si así puede descansar satisfactoriamente. Es necesario que duerma.

-. De acuerdo, doctora Agramunt – Contestó el enfermero encargado – Tomo nota.

PEP TREMPAT

lunes, 15 de marzo de 2010

INSOMNIO


INSOMNIO

Hoy he vuelto a tener pesadillas en mis escasas horas de sueño.
Me paso las noches en vela desde hace bastantes meses, y a pesar de haber acudido al médico y de tomarme esas pastillas que me recetó, sigo con este insomnio que me atormenta y me deprime. De día no coordino bien debido al cansancio y cuando por fin llega la hora del tan ansiado reposo, no consigo cerrar los ojos y pasan ante mí imágenes que me aterran hasta el punto de creer que me estoy volviendo loco. Sin embargo no llego a entender el motivo por el cual me pasa eso.

Como casi cada día me levanto mucho antes de la salida del sol. Estoy muy cansado y ni siquiera me apetece afeitarme. De hecho, hace días que no lo hago y mi incipiente barba empieza a darme un aspecto de dejadez parecida a la de cualquier pordiosero de los que duermen en la calle. Lo sé porqué a tren de alba me he visto reflejado en el rostro de alguno de ellos que duermen en los rellanos de escaleras o en algún cajero automático envueltos en cartones y periódicos viejos, como el que me encontré ayer a las 4 de la madrugada en una de las muchas oficinas a las que acudo a esa hora para sacar el dinero necesario para pasar el día. No me gusta llevar encima demasiado en metálico por temor a que me asalten. A esas horas hay mucho delincuente suelto. Bandas de jóvenes “skin”, agresivos invaden las calles y a medida que pasa el tiempo la cosa empeora. Pasear se ha transformado en una auténtica aventura, pues a ello se le ha sumado gran cantidad de “yonkis” en busca de dinero para comprar su ración diaria. Inmigrantes sin sueldo en busca de algo que llevarse a la boca o simples ladrones que utilizan la violencia para sufragar sus gastos sin tener que trabajar. Una verdadera odisea circular por mi barrio a no ser que te confundas con ellos con un pasamontañas y armado con un cuchillo de amenazantes proporciones.

La misma rutina de siempre. Levantarme, vestirme, salir de casa con mis ojeras y mi viejo abrigo a esperar que el aire fresco me devuelva mi aspecto humano. Todo ello en vano, por supuesto. Sigo por las calles como alma en pena y a pesar de mi temor, insisto en ello día tras día intentando alcanzar una meta a la cual nunca llego. A pesar de mi cansancio, cada vez voy más lejos convencido de que cuando llegue la noche y después de mi horario laboral podré por fin descansar adecuadamente. Cada día lo mismo y todo resulta inútil…

El cajero automático no está vacío, casi como de costumbre. Abro la puerta y el hedor que desprende el adormecido bulto que yace en el suelo se me hace insoportable. Intento despertarle tocándole con la punta del pie y recibo un gruñido como respuesta. El apestoso indigente me obsequia con una burlona sonrisa, enseñándome sus podridos dientes y oliendo a vino barato. Al final desisto. Ya sacaré dinero mañana. Por hoy no lo necesito.

Sigo con mi paseo matutino y ahora me obstruye el paso una vieja prostituta salida de repente de un angosto callejón. Sus indecentes propuestas me asquean al igual que sus dientes manchados de carmín. Por un momento se me aparece la nauseabunda imagen del indigente del cajero y me deshago de ella sin ningún miramiento con repugnancia. ¡Mierda de sociedad….!

A las 6 de la mañana por fin encuentro una cafetería abierta. Busco en el interior del bolsillo de mi raído abrigo y encuentro la suficiente cantidad de dinero para un pequeño desayuno. No voy a pedir café. Sólo me faltaría añadir cafeína a mi organismo para que contribuyera a mi persistente insomnio. Una infusión y un bollo tienen que ser suficientes para la jornada laboral que pronto va a empezar. Mi falta de apetito hace que ni siquiera pueda terminarme tan austera comida. Pago en metálico y me dirijo a la fábrica.

La jornada laboral ha sido larga y pesada. Cuando recupero mi abrigo de la taquilla me siento agotado. Si sigo así me van a despedir. No me concentro y eso repercute en mi trabajo. Como casi cada día me convenzo de que una buena comida y una posterior siesta harán que me recupere, pero estoy equivocado. Cuando llego a casa me preparo una comida ligera que nunca termino y luego me siento en el sillón con la “tele” puesta para que me venga el sueño reparador. Me sobresalto y compruebo con cierta satisfacción que efectivamente he quedado adormilado por espacio de una media hora. No es que me sienta mejor, pero algo es algo. La “tele” nunca falla.

Debería hacer algo más de ejercicio de cara a la noche, pero me veo incapaz. Quizá sería conveniente volver a salir a pasear de nuevo. Observo con disgusto mi desgastado y viejo abrigo y me pregunto cual podría ser el motivo de que quiera seguir conservándolo y no me viene ninguno en mente. Raído y algo manchado ya va siendo hora de que lo jubile. Decidido, lo meto en una bolsa de basura, me pongo un grueso jersey de lana y salgo de casa con la firme determinación de sustituirlo por otra prenda. Cuando llego a la calle, tiro la bolsa que contiene mi ancestral prensa de invierno en un contenedor de basura y me dirijo a una tienda de deportes. Escojo un discreto pero holgado y cómodo anorak que está de rebajas. Pago con tarjeta de crédito y regreso a casa satisfecho de mi decisión.

Las horas han vuelto a pasar despacio, limpiando la casa, poniendo una lavadora y haciendo otras tareas domésticas hasta llegar a la cena. Como de costumbre no tengo hambre y tan sólo me contento con una sopa de sobre que me termino a duras penas. Vuelta a mirar la “tele” con la falsa esperanza de que me vuelva a quedar dormido. Están dando las noticias y como de costumbre son malas. La crisis, la guerra de Afganistán, un terremoto en Chile, los malditos políticos que no se ponen de acuerdo y el asesinato ocurrido esta madrugada de una prostituta y un indigente en un cajero automático. Los dos han sido degollados al parecer con un cuchillo de grandes dimensiones a manos de un individuo que ha sido filmado por la cámara de seguridad del cajero y que según parece llevaba un pasamontañas e iba vestido con un viejo abrigo.
¡Mierda de sociedad…!

Pep Trempat